Los delirios del honorable

10. marzo 2014 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Seguramente, si el jefe de un grupo de altos funcionarios de la Agencia Tributaria dijese en público que “nosotros luchamos contra la Agencia Tributaria, no contra el mundo”, sería apartado inmediatamente de la función pública, y después interrogado en sede judicial acerca del alcance de sus declaraciones. Sorprende que la respuesta institucional que se daría a cualquiera de los directores de la Agencia Tributaria no se esté dando en estos momentos al presidente de la comunidad autónoma de Cataluña, tras haber declarado que “nosotros luchamos contra el Estado español, no contra el mundo”.

Nada más realizar esta declaración de intenciones, claramente atentatoria contra la fuente de la que emana la legitimidad del cargo que ostenta (ya que, como casi todo el mundo sabe, las comunidades autónomas no son más que uno de los tres niveles de Administración del Estado español), Artur Mas intentó matizarla echando mano del cinismo, al afirmar que “además, no nos gustaría ni luchar contra España porque, si nos hubieran respetado nuestras aspiraciones de autogobierno, nuestra cultura, nuestra lengua, no sería necesario hacer lo que estamos haciendo”.

Quien así se manifiesta pertenece a un partido político que, al frente de la Generalitat de Cataluña, no solo ha logrado las más altas cotas de autogobierno regional de Europa, sino que también ha conseguido que se le permita hurtar obras de arte ajenas, inventar una identidad cultural falsa manipulando la historia a su antojo, imponer el uso de una lengua autonómica del mismo modo que los fascistas impusieron en el pasado el uso de la lengua estatal, o desobedecer el contenido de sentencias firmes desde la más incomprensible de las impunidades.

La raíz de esta impunidad hay que buscarla en una ley electoral que, ya desde los tiempos de la Transición, dibujó una España en la que las derechas nacionalistas vasca y catalana estaban llamadas a convertirse en apoyo necesario para la gobernabilidad del mismo Estado español contra el que ahora “luchan” Artur Mas y sus correligionarios.

La sobrerrepresentación establecida en la vigente ley electoral a favor de CiU y PNV está dando ahora sus frutos, ya que la aspiración final de todo nacionalista es la independencia de su territorio, por mucho que se intente asegurar la permanencia de éste en el Estado a través de cesiones de competencias, privilegios territoriales e inversiones en obra pública.

Socialistas y populares, como únicos partidos que han mantenido la actual legislación electoral tras haber disfrutado de mayorías absolutas en los últimos treinta y cinco años, son los que ahora deben resolver los delirios anticonstitucionales planteados por aquellos responsables institucionales que afirman en público que están “luchando contra el Estado español”.

 

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