Los desahucios de la Sareb

1. marzo 2017 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

El 22 de enero de 1905 se conoce como “El domingo sangriento”. Miles de trabajadores y campesinos rusos se concentraron ante la residencia del zar en San Petersburgo para reclamar pacíficamente una mejora en sus condiciones de vida, que por aquel entonces eran muy diferentes al lujo extremo del que disfrutaban la familia zarista y el resto de la aristocracia rusa.

Desde el Palacio de Invierno se ordenó que la Guardia Imperial rusa abriera fuego contra la multitud, provocando la muerte de cientos de hombres, mujeres, niños y ancianos. Aquellos hombres armados eran agentes del Estado, pero no del pueblo, ya que con sus disparos tomaron partido a favor de los verdugos y en contra de sus víctimas.

Mañana, jueves 2 de marzo de 2017, representantes de una sociedad público-privada llamada Sareb, apoyados por agentes policiales del Estado, tratarán de desalojar de sus viviendas a cuatro familias zaragozanas del barrio de Santa Isabel. Gracias a esta sociedad (participada al 45% por el Estado español), hombres, mujeres, niños y ancianos se quedarán mañana en la puta calle para que esa sociedad público-privada pueda seguir especulando con las viviendas de las que son desalojados.

Como puede comprobarse, en la España de Rajoy ya no hay desahucios inmobiliarios.

Al menos, en esta ocasión, una pequeña parte del Estado, el gobierno municipal de Zaragoza En Común, se ha puesto del lado de las víctimas y no de los verdugos que mañana se disponen a orinar de nuevo sobre el artículo 47 de la Constitución (ese que habla del derecho a disfrutar de una vivienda digna).

Al menos, en esta ocasión, el Ayuntamiento de Zaragoza se ha erigido en defensor de estas familias, manteniendo una negociación en su nombre con la Sareb, a pesar de que esta sociedad público-privada haya instado una orden de desalojo para mañana, jueves 2 de marzo, a las 9:30 horas.

Al menos, en esta ocasión, el concejal delegado de Vivienda ha ofrecido una rueda de prensa para denunciar las cuatro tragedias familiares que están a punto de producirse, y de paso, para lanzar un “llamamiento desesperado” a favor de la suspensión de la orden de lanzamiento.

No, amigos, no todos los políticos son iguales; es como si dijéramos que todos los peces son iguales (hay tiburones, pirañas, peces payaso, barbos, merluzas,… y también peces martillo).

 

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