Los desvaríos de la CEOE

20. octubre 2011 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

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La CEOE, esa organización a la que pertenecen los máximos responsables de la destrucción de empleo en nuestro país, realizó ayer su peculiar aportación programática a la campaña electoral del 20N.

 

Según los empresarios españoles, para salir de la crisis que ellos han provocado es preciso crear la figura de un nuevo contrato indefinido con una indemnización de 12 días por año en caso de despido improcedente. En opinión del presidente de la entidad, Juan Rosell, “cuanto más fácil sea la salida, más fácil será la entrada y la creación de empleo”. Todo un canto a la profesionalidad y a la estabilidad en el puesto de trabajo.

 

Al parecer, Rosell no es consciente de que la inestabilidad, la precariedad, los bajos salarios, y la falta de formación y de experiencia adecuadas, son los cuatro jinetes del apocalipsis para la economía española, por sus perversos efectos sobre la demanda interna y sobre la productividad.

 

Pero el presidente de la organización empresarial no se quedó ahí, y propuso concentrar los festivos para evitar “macropuentes”, en la medida de lo posible. Tampoco tuvo en cuenta el jefe de los empresarios españoles que España es el país de la UE en el que más horas se trabajan al año, y que las causas por las cuales este gran esfuerzo laboral no se traduce en un notable incremento de la competitividad habría que buscarlas, sobre todo, en una deficiente formación laboral en el seno de la empresa y en una defectuosa organización productiva por parte del empresario.

 

Pero la más llamativa de las propuestas de la CEOE fue la apuesta por el “copago” de los servicios públicos, una medida orientada a fragmentar la sociedad y a reducir las aportaciones fiscales de las grandes fortunas. En este caso, a Rosell se le pasó por alto que todos los países con grandes diferencias de renta entre ricos y pobres son países pobres, mientras que los Estados capaces de redistribuir la riqueza forman sociedades cohesionadas y prósperas.

 

En resumen, y parafraseando al propio Juan Rosell, se podría decir que “cuanto más antisocial e ignorante es un empresario, más fácil es que acceda a la presidencia de la CEOE”.

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