Los ejemplos de Malala y de Iqbal

11. octubre 2013 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Ante una realidad injusta, siempre caben dos posibilidades: aceptarla desde la complicidad, o combatirla desde la rebeldía. La niña paquistaní Malala Yousafzai optó por la segunda, sabiendo que ese ímpetu de honestidad le podía costar la vida. Y a punto estuvo de costársela cuando el 9 de octubre de 2012 un talibán intentó ejecutarla a sangre fría. El delito de Malala, reclamar el derecho a la educación para todas las niñas paquistaníes.

Otros niños paquistaníes no tuvieron tanta suerte como Malala. El 16 de abril de 1995, y cuando contaba con solo doce años de edad, Iqbal Masih fue ejecutado por un francotirador cerca de la ciudad de Lahore. Su delito, denunciar la esclavitud laboral en la que se encontraban miles de niños de su país. La mafia de las alfombras artesanales ajustó cuentas con aquel niño revolucionario que les había sido vendido por sus padres a la edad de cuatro años por dieciséis cochinos dólares.

Más allá de los premios y honores recibidos, los ejemplos de Malala, de Iqbal y de miles de ciudadanos ejemplares anónimos que arriesgan sus vidas en todo el mundo para reivindicar el cumplimiento de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, deberían hacer reflexionar a todas las “mayorías silenciosas” que prefieren callar ante la injusticia, la corrupción, o incluso, ante el robo organizado de sus salarios, pensiones y derechos sociales.

 

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