Los falsos patriotas

8. agosto 2013 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Resulta inconcebible que trescientos años después de la firma del Tratado de Utrecht (por el que se cedía Gibraltar a la corona británica para facilitar el establecimiento en España de la Casa de Borbón, en detrimento de la Casa de Habsburgo), España y Reino Unido todavía no se hayan puesto de acuerdo acerca de la soberanía de ese pequeño territorio y de las aguas marinas que pudieran corresponderle.

Resulta inconcebible que estos dos Estados miembros de la Unión Europea perseveren en sus diferencias a fecha de hoy, sin que ninguna institución de esta unión política de la que ambos forman parte se haya decidido a arbitrar en la controversia.

Resulta inconcebible que la política de hechos consumados (ante la falta de cualquier acuerdo) sólo sea ejercida por una de las partes, mientras la otra sólo acierta a balbucear una protesta frente a la consciente deposición de basura hormigonada en aguas inciertas.

Desde estas premisas, solo puede llegarse al esperpento de un régimen como el de Rajoy, tan dispuesto a levantar la bandera del patriotismo más rancio en contra del vertido de unos bloques de hormigón en la bahía de Algeciras, como a obedecer a todas las instituciones internacionales que osan ordenar a nuestro gobierno las políticas sociales, económicas, laborales, sanitarias y educativas que, a su deteriorado juicio, debe aprobar.

El patriotismo siempre ha sido un buen refugio argumental para los sátrapas. Conceder verosimilitud a los trampantojos siempre depende de la inteligencia colectiva de los pueblos.

 

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