Los ideólogos escatólogos

13. octubre 2015 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Cierto es que el empeño histórico por sacralizar la idea de España puede generar hartazgo entre las personas que eligen ver más allá de una realidad impuesta. Cierto es que mientras otros países de nuestro entorno han avanzado notablemente en la laicidad del Estado, en esta España de cerrado y sacristía, devota de Frascuelo y de María, hasta los socialistas son partidarios de obligar a los concejales a asistir a ceremonias católicas, como bien acaba de demostrar el PSOE zaragozano.

Sin embargo, ninguna de estas circunstancias justifican un ataque grosero contra los sentimientos o las creencias de los demás, como el que ayer lanzó el actor Willy Toledo desde las redes sociales. La sociedad no avanza cuando alguien “se caga” en el pensamiento de los demás, sino cuando la razón consigue superar al dogma. Además, el señor Toledo, como autoproclamado defensor de los Derechos Humanos, debería saber que tanto la libertad de expresión como la libertad religiosa pertenecen a esta categoría, por lo que resulta pura estupidez utilizar a la una para atacar a la otra, y viceversa.

Llamativo resulta que la respuesta a las imbecilidades proferidas por Willy Toledo hayan llegado de la mano de Frank de la Jungla, quien ha aprovechado la polémica para erigirse en representante de esa otra España –por desgracia, mayoritaria– que pasa de largo por las atrocidades que ha cometido nuestro país a lo largo de la historia, para culminar su razonamiento diciendo que, como todos los demás las han cometido, ¡Viva España, Coño! De hecho, el principal argumento de Frank de la Jungla contra Willy Toledo es el siguiente: “¿Por qué no tiene usted los huevos de cagarse en el Corán?”

Entre tanto ideólogo escatólogo, pasa desapercibida una circunstancia que está en el origen de la polémica: el inmenso error del Gobierno de Felipe González cuando en 1987 estableció por ley como Fiesta Nacional un día que conmemora la llegada (por error) de los castellanos al continente americano, y el posterior genocidio de indígenas sobre el que se construyó la llamada “Hispanidad”. En la mentalidad del siglo XV, aquel conjunto de robos, violaciones y asesinatos en masa no constituía delito ni pecado, pero en la mentalidad del siglo XX, jamás debería haber sido elegido este día como Fiesta Nacional de España, ni como continuador del franquista “Día de la Raza”.

Desde una perspectiva meramente democrática, hubiera sido mucho más decente que la Fiesta Nacional de España se celebrara el 6 de diciembre, conmemorando el día en el que la población de este país aceptó en las urnas –casi por unanimidad– una Constitución razonablemente aceptable que suponía el principio de una convivencia necesaria.

Hoy, casi 37 años después de aquel hito histórico, los españoles seguimos cagándonos los unos en los otros, mientras España continúa esperando el impulso modernizador, regeneracionista y democrático que la sitúe culturalmente en el espacio geopolítico que ocupa. Gracias, Willy Toledo; gracias, PSOE español de 1987 y PSOE zaragozano de 2015; gracias, Frank de la Jungla.

 

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