Los incendios de Auzsa

5. agosto 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Los incendios que sufren los autobuses urbanos de Auzsa (concesionaria aparente de este servicio en la capital aragonesa) van convirtiéndose ya en toda una tradición del estío zaragozano. Al igual que los ninots en las Fallas de Valencia, los vehículos arden bajo el sol estepario, en una pira compuesta a partes iguales por la incompetencia empresarial y la condescendencia municipal.

Auzsa (antigua Tuzsa) es la empresa que externalizó hace años el mantenimiento de los autobuses municipales, poco antes de que comenzaran a proliferar los incendios; diez vehículos quemados desde principios de 2015, cuatro de ellos durante los tres últimos meses.

Auzsa es la empresa que el anterior gobierno municipal de Belloch eligió para que siguiera encargándose del servicio, antes de amañar el último concurso público de 2013.

Auzsa es la empresa que, por no gastar dinero en su limpieza, fue incluso capaz de arrancar la parte acolchada de los asientos de los viajeros, dejando sólo el plástico subyacente.

Auzsa es la empresa que viene incumpliendo, convenio tras convenio, algunos de sus compromisos como la colocación de váteres en todos los principios y finales de línea.

Por su parte, el Ayuntamiento de Zaragoza es quien ha permitido durante décadas todo lo anterior, lo que se ha ido traduciendo en un peor servicio para los usuarios, y en unas condiciones de trabajo más estresantes para la plantilla.

Ni siquiera el actual gobierno municipal de Zaragoza En Común tiene claro qué hacer con una empresa sin contrata (ya que ésta fue anulada en junio por el Tribunal Superior de Justicia de Aragón), que históricamente ha incumplido buena parte de sus compromisos con el Ayuntamiento.

La iniciativa del consejero municipal de Servicios Públicos, Alberto Cubero, de exigir información documental a Auzsa sobre todos los incendios de autobuses ocurridos durante los últimos tiempos, es correcta pero insuficiente. Quien incumple debe pagar, sin poder exigir nada a cambio. Afortunadamente, en ninguno de estos siniestros se han producido aún víctimas personales, pero la situación es un peligro latente para viajeros, conductores, peatones y vecinos de los inmuebles más cercanos al tránsito de autobuses. Esperemos que nunca haya que lamentar la muerte de nadie por esta causa.

 

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