Los jueves, censura

6. junio 2014 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Hace casi sesenta años, el genial Luis García Berlanga retrataba magistralmente a una España rural y pacata que buscaba el progreso económico a través de un conjunto de falsedades e hipocresías que acababan atrapando a sus muñidores. La exaltación de las apariencias y el afán por obtener beneficios de las emociones de la gente, constituían el eje argumental de “Los jueves, milagro” (1957).

Lógicamente, la película sufrió el azote de la dictadura franquista, que impuso a un sacerdote dominico para controlar que las alusiones a la Iglesia católica estuviesen dentro de lo “eclesiásticamente correcto”. El efecto de esa manipulación dio lugar al mayor fracaso de taquilla del maestro Berlanga, ya que la exultante España de charanga y pandereta consideró la película «irreverente», mientras que la maltrecha España del cincel y de la maza la tachó de «mojigata».

Cincuenta y siete años después, hemos asistido a otro vergonzoso episodio de censura o de autocensura en la revista satírica El Jueves, que ayer llegaba a los kioscos españoles con un día de retraso y con una portada distinta a la que sus magníficos dibujantes habían preparado el lunes tras conocer el anuncio de abdicación de Juan Carlos I.

Mientras la Casa Real y la editorial RBA (propietaria de El Jueves) niegan que haya habido presiones para retirar una portada en la que el actual rey le transmitía a su hijo menor una corona llena de marrones, varios miembros de la redacción anunciaban ayer en Twitter que abandonaban la revista (“Hoy no entro más en twitter, tengo trabajo. Dos cosas: 1– he dejado la revista, 2– mañana os cuento” Albert Montanys 4:50 pm, 5 jun 2014; “Ya somos dos. Yo también he dejado hoy la revista. Un día muy triste” Bernardo Vergara 7:31 pm, 5 jun 2014; “Hacedme sitio, que me voy con vosotros. Qué mierda que siempre ganen los malos” Isaac Rosa 7:36 pm, 5 jun 2014).

Por lo que parece, en este país está prohibido dibujar el traspaso de una corona emporcada. Por eso, en este editorial de CRÓNICA DE ARAGÓN diremos que, efectivamente, la Corona española está hoy salpicada de mierda, después de las polémicas cacerías de osos en Eslovenia y de elefantes en Botswana protagonizadas por Juan Carlos I, después de que el yernísimo del rey aprovechara su condición de tal para recaudar un dinero público que no merecía, después de que el propio rey encubriera presuntamente estos presuntos delitos de su yerno a la Fiscalía General del Estado y se limitara a indicarle a Urdangarín el camino a un cómodo exilio laboral, y después de que la infanta Cristina haya sido imputada por presunto fraude fiscal, muy a pesar de determinadas instancias judiciales sospechosas de anteponer el orden institucional a la búsqueda de la Justicia.

Este episodio de censura o de autocensura refuerza la necesidad de que se celebre ya mismo un referéndum acerca de la forma de Estado que prefiere el pueblo español. Si la Corona es capaz de censurar o de crear las condiciones propicias para que una revista satírica autocensure una portada cien veces menos polémica que aquella otra protagonizada por los príncipes de Asturias en julio de 2007 (posteriormente retirada por el juez Del Olmo), todo indica que hay que cambiar la institución que ejerce la Jefatura del Estado.

La revista El Jueves ha perdido su frescura y su razón de ser. Como muy bien sabe RBA, el desprestigio por este episodio acabará llevando a la desaparición de la cabecera. Quizá sea ésta una consecuencia deseada por sus actuales propietarios. Al menos, en este episodio de censura no parece haber intervenido ningún sacerdote dominico; algo ha evolucionado la marca España en 57 años.

 

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