Los ladrones de bicicletas

12. febrero 2013 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

No resulta extraño contemplar en cualquiera de nuestras calles la escena de un ciclista que se baja de su bicicleta para entrar a comprar algo en un comercio, dejando su vehículo en la puerta sin ataduras ni vigilancia alguna. Incluso en algunos países del norte de Europa, donde este medio de transporte está más arraigado que en España, las bicicletas se amontonan en aparcamientos colectivos mientras sus dueños cumplen con sus jornadas escolares o laborales, y totalmente ajenas al concepto “candado”.

El nivel de vida en estos países y el escaso valor de cambio de una bicicleta, hacen que este objeto sea poco atractivo para las personas que están dispuestas a infringir la ley con tal de apoderarse de lo que no es suyo.

La cosa cambia en los países pobres o en vías de empobrecimiento, donde se roba cualquier cosa para obtener cualquier beneficio. Ayer se supo que la Policía Nacional había detenido en Zaragoza a dos personas como presuntas autoras del robo de, al menos, veintiséis bicicletas en distintos puntos del centro y del distrito Universidad.

El episodio recuerda sobremanera a aquella genial película que Vittorio de Sica rodó en 1948 y que llevaba por título “Ladrón de bicicletas”. En el retrato que nos trasladaban el cineasta y el novelista Luigi Bartolini (autor de la novela homónima en la que se basa el filme) había parados de larga duración abandonados por el Estado, mendigos, trabajadores en precario, casas de empeños, crecientes diferencias entre ricos y pobres, políticos ajenos a la situación social, y hasta fuerzas policiales más comprometidas con la conservación del statu quo que con las necesidades de la ciudadanía.

“Ladrón de bicicletas” es la historia de un parado de larga duración, Antonio Ricci, y de su lucha para recuperar la bicicleta que le han robado, y de la cual depende su permanencia en el trabajo en precario que ha encontrado, y por lo tanto, la supervivencia económica de su familia.

A cualquier gobernante con un mínimo de visión histórica debería preocuparle que en la Zaragoza y en la España del siglo XXI se comience a robar bicicletas.

 

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