Los leves “problemas de seguridad” de un “Irak mejor”

12. agosto 2014 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Hace más de diez años, el entonces presidente del Gobierno de España, José María Aznar, descalificaba públicamente a la que en aquel momento ejercía como ministra de Exteriores, Ana Palacio, después de que ésta afirmara que, tras la intervención militar aliada en Irak, “la vida cotidiana en Bagdad está en unas condiciones peores de lo que estaba con Sadam Husein”.

Nada más escuchar estas declaraciones, el presidente Aznar (famoso por otras pifias históricas como “el régimen iraquí tiene armas de destrucción masiva; pueden estar seguras todas las personas que nos ven, que les estoy diciendo la verdad” o “he autorizado contactos con el entorno del Movimiento Vasco… de Liberación”) saltaba al ruedo mediático para afirmar que “la situación en Irak es, sin duda alguna, mejor que la que existía antes de la intervención militar” y que en aquel momento sólo había en el país “un problema de seguridad” que “estamos convencidos de que se resolverá, junto con el proceso de cambio político”.

Era noviembre de 2003. Cinco meses después, Ana Palacio desaparecía para siempre de la primera línea de la vida política, y Aznar comenzaba a transfigurarse en el ideólogo supremo del PP desde su puesto al frente de la FAES.

Según algunas fuentes independientes, el número de iraquíes muertos desde 2003 como consecuencia de la invasión y de la posterior violencia sectaria supera el millón de personas. Es el “problema de seguridad” autosoluble que pronosticaba hace más de diez años ese gran analista político llamado José María Aznar.

Nadie en su sano juicio puede afirmar que Irak está hoy mejor de lo que estaba con Sadam Husein, ya que un Estado laico con una más que aceptable calidad de vida para su población, se ha convertido en un Estado islámico donde el Corán es “fuente principal de la legislación” (art. 2 de la Constitución de 2005), y en el que la miseria, la falta de servicios básicos, la violencia sectaria, y el caos institucional constituyen el escenario en el que los y las iraquíes deben sobrevivir cada día.

La irrupción en el escenario del llamado Estado Islámico de Irak y Levante (EIIL), un sanguinario grupo yihadista al que “alguien” ha armado hasta los dientes para otorgarle la capacidad de controlar buena parte del territorio iraquí (incluidas las importantes ciudades de Mosul y Faluya), termina de desmontar aquel sueño mesiánico que una mala noche tuvieron George W. Bush, Tony Blair, Jose Manuel Durao Barroso y José María Aznar, y que una vez hecho realidad, ha matado por el momento a más de un millón de personas. Como dijo una vez Julio Anguita, “malditas sean las guerras y los canallas que las apoyaron”.

 

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