Los peores políticos de la historia reciente

10. junio 2011 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

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Según el último Barómetro del CIS (3–11 mayo 2011), la clase política sigue siendo el tercer problema más importante para la población española (22,1%), por detrás del paro (84,1%) y de la economía (46,7%). La diferencia en esta ocasión es que la valoración negativa de la clase política ha alcanzado un récord histórico, superando el 21,5% que se alcanzó en 1995, durante los últimos tiempos del felipismo y los albores del aznarismo.

 

El dato coincide con el récord de voto en blanco y nulo que se produjo en las elecciones autonómicas y municipales del pasado 22 de mayo, y es incluso previo a las movilizaciones ciudadanas que comenzaron con las primeras manifestaciones del 15–M. Por ello, si hoy mismo se repitiera la pregunta, el desapego de la población española respecto a sus políticos sería aún mayor, con total seguridad.

 

Los españoles y españolas no se sienten representados por sus políticos, simplemente porque éstos han dejado de representarles para convertirse en una especie de agentes locales de la dictadura global de los Mercados. Con la única salvedad de que ni todos los partidos ni todos los políticos son iguales, lo cierto es que la inmensa mayoría de los gobernantes han dejado de escuchar, y por supuesto, de obedecer al pueblo soberano del que emanan sus poderes.

 

Cuando la inmensa mayoría de la población rechaza la reforma laboral, la reforma de las pensiones, los recortes en el gasto público o la reforma de la negociación colectiva, nuestros gobernantes persisten en la aplicación de estas y otras medidas, siguiendo las órdenes de las corruptas agencias de calificación internacionales, y con el único fin de que los ricos sean cada vez más ricos y los pobres más pobres.

 

Algunos van más allá. Hace unos días ese gran exterminador del Estado del Bienestar conocido como José Antonio Durán Lleida comenzaba a cuestionar el hecho de que la sanidad pública fuera deficitaria, y apostaba por una especie de “pacto de Toledo” sobre el tema.

 

Este político ultraliberal catalán nacido y criado en la provincia de Huesca, debió de hacer novillos el día que en el instituto de Tamarite de Litera explicaron que los servicios públicos deben ser deficitarios para ser de calidad, y que su coste debe sufragarse con cargo a una fiscalidad progresiva en la que las rentas más altas paguen mayores tributos. Por si Durán Lleida no lo sabe, esto se llama “redistribución de la riqueza” y aparece reflejado en los artículos 40, 43 y 128 y siguientes de la Constitución Española.

 

En cualquier caso, y al margen de este nacionalista periférico que pretende gobernar España a golpe de tijera social y embudo empresarial, el nefasto papel que en estos momentos está jugando la clase política de nuestro país es una puerta abierta para la llegada de futuros dictadores fascistas que arrastren masas levantando su bandera demagógica contra la corrupción de los políticos, sin mencionar la de los banqueros y grandes empresarios.

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