Los profetas de Bruselas

3. junio 2014 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Mientras el foco de atención mediática se situaba ayer sobre el anuncio de abdicación del rey de España, los profetas de Bruselas anunciaban otra tanda de revelaciones a los españoles. Tras reconocer que la economía de nuestro país les gusta cada vez más, con sus crecientes desigualdades sociales, sus altas tasas de precariedad laboral y su floreciente regresividad fiscal, la Comisión Europea promulgaba nuevos mandamientos de la ley del dios Mercado.

Entre ellos, la bajada de las cotizaciones sociales (compensada con una subida del IVA y de otros impuestos indirectos), la racionalización del gasto farmacéutico (sabiendo que esto provocará una caída del empleo en el sector, de acuerdo con el dogma de que los beneficios empresariales nunca deben descender), un nuevo plan de apoyo al empleo juvenil (seguramente, condenado al mismo “éxito” del que han disfrutado todos los anteriores), una reducción de las modalidades de contrato en el ámbito laboral (lo que, en aras de la “competitividad” traerá consigo la eliminación de las más garantes para el trabajador), o la reducción de los trámites administrativos para la creación de nuevas empresas (como si la penosa situación por la que hoy atraviesan las pymes no fuera consecuencia de la caída del consumo, sino de los papeleos necesarios para constituirse).

El jefe de los profetas de Bruselas, Jose Manuel Durao Barroso (único superviviente institucional de la foto de las Azores), resumía todos estos mandamientos en uno sólo: “sin confianza no habrá inversión, y sin inversión no habrá crecimiento”.

Así pues, toda la política económica de la Unión Europea se resume en la necesidad de crear las condiciones idóneas para que los inversores de todo el mundo (es decir, aquellas personas que únicamente se dedican a especular con sus fortunas para incrementarlas a cualquier precio, sin que importe el cómo ni el dónde), esparzan aquí una migajas de sus capitales en lugar de hacerlo, por ejemplo, en los paraísos laborales de la semiesclavitud.

Sólo así puede explicarse el progresivo deterioro del mercado laboral español, el continuo aumento del nivel de pobreza en nuestro país, o la obsesión comunitaria por reducir el déficit público, independientemente de que nos encontremos en una fase de expansión o de contracción de la economía. Lo que hacen Durao Barroso y el resto de profetas de la UE no es economía, sino proselitismo de una religión económica basada en la injusticia, la desigualdad y la absoluta preeminencia de lo privado sobre lo público.

Uno de los monaguillos de esta fe, llamado Mariano Rajoy, ya ha anunciado la privatización del transporte ferroviario de pasajeros, así como una inminente reforma fiscal que rebajará impuestos directos como el IRFP o el de Sociedades, mantendrá alto el IVA, y subirá otros impuestos indirectos. Deus vult.

 

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