Los ricos también lloran… pero de alegría

8. septiembre 2014 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Tal como describía nuestra compañera Marisa Babiano veintitrés días antes del golpe de Estado económico perpetrado por Rodríguez Zapatero, en este país los ricos también lloran, pero de alegría. Eso sí, hay que ser muy rico para experimentar esta explosión de júbilo, ya que la mayoría de los pequeños y medianos empresarios sufren los efectos del neoliberalismo casi con la misma intensidad que cualquier trabajador, aunque por el momento lejos del nivel de sufrimiento cotidiano que viven todas aquellas personas que empiezan a padecer la dentellada de la exclusión social.

De acuerdo con la información difundida por la Agencia EFE, el patrimonio de las ocho principales sicav españolas aumentó un 9,5% durante el primer semestre de 2014, pasando de 2.723.308 millones de euros, a 2.979.065, casi el triple del producto interior bruto español (1,04 billones).

Teniendo en cuenta que estas sociedades de inversión de capital variable o sicav (autorizadas en España por el gobierno de ZP-no-os-fallaré) sólo pagan a Hacienda el 1% de sus beneficios, no es difícil llegar a la conclusión de que el gran capital y el Estado social establecido en nuestra Constitución siguen lógicas diferentes.

El establecimiento de salarios de miseria, la anulación de derechos sociales plenamente consolidados, el recorte de las prestaciones sociales, la congelación de las pensiones, o el empobrecimiento generalizado de la mayoría de la población, no son obra de la crisis como pretenden hacernos creer, sino de la puesta en marcha de políticas económicas dictadas en beneficio de unos pocos, y en cualquier caso, muy alejadas de los principios constitucionales de la redistribución de la riqueza (art. 40) y de la progresividad fiscal (art. 31).

Por ello, y como ya explicábamos en este mismo espacio un año después del mencionado golpe de Estado de Rodríguez Zapatero, los verdaderos antisistema no son el 15-M ni las formaciones sociales y políticas que defienden en la calle y en las instituciones los derechos sociales, el impago de la deuda pública ilegítima o la devolución de la soberanía nacional perdida a manos de los mercados, los grandes inversores y las agencias de calificación. Los verdaderos antisistema son los que dictan políticas económicas manifiestamente anticonstitucionales para que los ricos de este país incrementen sus fortunas un 9,5% en sólo seis meses, haciendo que España sea el país de la OCDE en el que más han crecido las desigualdades sociales durante la crisis, hasta convertirse en el segundo Estado miembro de la UE con mayor nivel de desigualdad social, y en el que las 20 personas más adineradas poseen tanto patrimonio como los 8,6 millones de españoles más pobres.

 

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