Los sacrificios al dios Mercado

24. noviembre 2010 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

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Es de suponer que quienes dedican varios años de su vida para obtener un título universitario en Ciencias Económicas, se desesperen al comprobar que lo que han estudiado no es en realidad una ciencia, sino una religión.

 

Del mismo modo que las tribus primitivas ofrecían sacrificios humanos para aplacar la ira de los dioses, después de haberla señalado como causa de las catástrofes naturales, los economistas actuales recomiendan sacrificar derechos sociales, salarios, pensiones y bienestar de la población para generar la “confianza” del dios Mercado.

 

Pero el dios Mercado y los especuladores sin fronteras que actúan como sus profetas, son insaciables. No ha sido suficiente que el patético presidente del Gobierno de España y las formaciones políticas que le secundan en sus medidas antisociales (PSOE, PP, CiU, PNV, CC, UPN y UPyD), hayan empobrecido objetivamente al país durante los últimos meses.

No han servido para nada las políticas de ajuste presupuestario que paralizan la economía productiva, ni tampoco la reforma laboral que destruye derechos laborales sin crear empleo estable, ni mucho menos la congelación de las pensiones o la rebaja del sueldo de los funcionarios que perjudican gravemente la demanda interna.

 

Ninguno de estos sacrificios ha servido para nada porque el dios Mercado se ensañó de nuevo ayer con la economía española al fijar la prima de riesgo más alta desde 1999 para los préstamos que el Estado español solicita a los inversionistas públicos y privados en forma de bonos.

 

¿Qué será lo próximo? ¿La anunciada prolongación de la edad de jubilación? ¿Y después? ¿La reducción de las vacaciones para incrementar la productividad? ¿El aumento de las horas de trabajo? ¿Quizá la legalización del trabajo infantil para hacer que nuestra economía sea más competitiva, siguiendo el ejemplo de los llamados “países emergentes”?

 

Alguien, en algún momento, deberá detener esta espiral irracional de sacrificios humanos, tan éticos y efectivos como los que realizaban las sociedades pre–científicas para detener la erupción de un volcán arrojando a varios individuos de la comunidad por la boca del cráter.

 

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