Los “titiriteros” de Guadamur

17. mayo 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

La España vetusta, carpetovetónica, caciquil y casposa volvió a asomarse al mundo durante la noche del pasado sábado. Fue en la localidad toledana de Guadamur, con motivo de las IX Jornadas Visigodas. Un espectáculo de luz y sonido proyectaba las imágenes de Francisco Franco y del jefe nazi Heimrich Himmler sobre los muros del castillo de la localidad, mientras se narraba la recuperación en 1941 de una parte del Tesoro de Guarrazar, hasta entonces, en manos de la Francia ocupada.

De buena fe, podría interpretarse que la proyección trataba de contextualizar el hecho histórico en el marco de la negociación que Hitler y Franco mantuvieron en Hendaya en octubre de 1940. De hecho, ante el revuelo suscitado por la resurrección audiovisual de semejantes personajes, el Ayuntamiento ha emitido un comunicado en el que aclara que “en ningún caso era intención ni de los autores, ni del documentalista, ni de los colaboradores, elogiar ni a los personajes de las negociaciones ni sus acciones de gobierno”.

Sin embargo, cualquier interpretación de buena fe queda anulada por el contenido de un texto que se proyectó durante el espectáculo. De repente, sobre los muros del castillo pudo leerse: “Franco derivó con gran pericia su neutralidad en la segunda guerra mundial a unas negociaciones…”.

Una afirmación que bien podría constituir apología del fascismo, ya que ni Franco adoptó una posición de neutralidad durante la segunda guerra mundial, ni acreditó a lo largo de su vida “pericia” alguna, excepto para sublevarse contra sistemas democráticos y para exterminar físicamente a quienes seguían defendiendo la democracia.

Sería de esperar, pues, que la Fiscalía y la Audiencia Nacional actuaran de inmediato contra los autores del espectáculo “Lux Gothorum” con la misma firmeza y rapidez que exhibieron ante los dos titiriteros que mostraron una pancarta en la que podía leerse “Gora Alka-Eta”, mientras parodiaban un montaje policial contra una persona inocente.

Pero no lo harán. De hecho, no lo están haciendo, porque horas después de aquel espectáculo de títeres, sus artífices ya estaban detenidos en prisión incondicional e incomunicada. La larga mano del postfranquismo judicial, empresarial y policial llega hasta nuestros días, en un país que sigue venerando a los genocidas, mientras los huesos de, al menos, 116.000 de sus víctimas mortales siguen en las cunetas y los barrancos esperando un gesto de dignidad institucional.

 

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