Marchas mineras y presidentes calixtinos

9. julio 2012 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Huir de los problemas es uno de los métodos más idóneos para intentar autoconvencerse de que éstos no existen. Querer adornarse con plumajes ajenos es una actitud propia de quienes carecen de plumajes propios, y también de la ética necesaria para renunciar a aprovecharse de los logros de los demás.

Ayer, mientras la “marcha negra” alcanzaba la Comunidad de Madrid, el presidente del Gobierno decidía desplazarse a Santiago de Compostela para escenificar la devolución del Códice Calixtino, robado hace un año de la catedral y recuperado recientemente por la Policía.

Una actitud que ayuda a comprender el orden de prioridades de Mariano Rajoy, así como su voluntad de enrarecer el clima político y social con mentiras y medias verdades que ayuden a arrimar el ascua a su sardina. En este sentido destacó su afirmación de que “se discute todo, también la profesionalidad de los servidores públicos; pues bien, creo que es un buen momento el día de hoy para reivindicar la profesionalidad, el trabajo, la dedicación, el esfuerzo, la competencia de unos servidores públicos que han estado –una vez más– a la altura de las circunstancias”.

Suponiendo que con la expresión “servidores públicos” el presidente se refiriera a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado (los médicos, las enfermeras, los maestros, las funcionarias de Hacienda… también lo son), constituye un ejercicio de cinismo mezclar las críticas generalizadas que reciben las unidades antidisturbios cuando arremeten sin piedad contra manifestantes pacíficos e indefensos, con el reconocimiento social del que disfrutan quienes se dedican a resolver delitos y a llevar a sus autores ante un tribunal.

Pero volviendo al tema de la minería, resulta admirable que –a pesar de la poca atención institucional que está recibiendo– un sector laboral entero se ponga en pie para denunciar las políticas macroeconómicas que se disponen a destruir sus puestos de trabajo.

Todos sabemos que las energías no renovables y altamente contaminantes como el carbón o el petróleo tienen los días contados, pero los mineros asturleoneses y aragoneses no son los responsables de que las ayudas concedidas por la Unión Europea durante los últimos años para la reconversión del sector no hayan sido invertidas en los territorios mineros para asegurar su supervivencia.

El neoliberalismo en Europa comenzó cuando una gobernante autoritaria llamada Margaret Thatcher venció a los mineros de su país después de que éstos mantuvieran una huelga de un año contra la decisión gubernamental de cerrar el 11,5% de las minas del país.

El neoliberalismo en España puede encontrar un serio obstáculo el próximo miércoles si la manifestación de la Marcha Negra ante el Ministerio de Industria resulta un éxito sin precedentes. Quizá entonces algún gobernante deba explicar por qué no hay 200 millones para salvar a la minería, y sí hay 100.000 millones para salvar al sector financiero de los activos podridos y altamente contaminantes que él mismo ha generado.

 

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