Medallas y represores

1. octubre 2012 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

El Ministerio del Interior dirigido por el mismo Jorge Fernández Díaz que semanas atrás se mostró partidario de excarcelar etarras enfermos, aun en contra del criterio de la Fiscalía de la Audiencia Nacional, acaba de conceder a dos mandos policiales la medalla con distintivo rojo por el operativo que organizaron el pasado martes para reprimir la concentración ciudadana del 25–S.

En un contexto de recortes presupuestarios que se va a llevar por delante la paga extra navideña de los antidisturbios, estas dos medallas conllevarán incrementos salariales vitalicios del 10% para el comisario jefe de Seguridad Ciudadana de Madrid, y para el jefe de los antidisturbios de la capital española.

Paralelamente, la oenegé Amnistía Internacional, reconocida internacionalmente por su defensa de los Derechos Humanos, ha anunciado que pedirá a Fernández Díaz una investigación “exhaustiva e independiente” sobre la brutal actuación de los agentes antidisturbios en Madrid, extremo sobre el que la propia organización humanitaria está recabando datos y documentación gráfica.

En todo caso, resulta incomprensible que el mismo gobierno que permite a sus fuerzas policiales incumplir la legislación al no llevar visibles los números de identificación de sus agentes, premie con medallas a los responsables de un episodio represivo que ya ha dado la vuelta al mundo.

Resulta incomprensible igualmente que la Policía Nacional reconozca que dispone de infiltrados entre los manifestantes, que afirme que estos infiltrados nunca promueven disturbios, que proclame que los agentes antidisturbios sólo apalean a los violentos, y que las imágenes capten a los agentes golpeando en el suelo a uno de sus compañeros infiltrados, hasta que lo reconocen como tal.

Resulta incomprensible también que Jorge Fernández Díaz mantenga su actitud triunfalista y dadivosa, a pesar de que Amnistía Internacional haya cuestionado seriamente los métodos utilizados por sus agentes de policía.

E incluso resulta incomprensible que un tipo como Fernández Díaz haya llegado a ser ministro del Interior en España, algo más propio de cualquier régimen totalitario que de un país democrático de Europa occidental donde la ley rige igualmente para ciudadanos y para instituciones.

 

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