Mentiras monárquicas y desigualdades judiciales

12. febrero 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Entre las escasas competencias que el Título II de la Constitución atribuye al Rey de España, no figura la de mentir descaradamente al pueblo para orientar la opinión pública hacia una determinada dirección. Eso corresponde a ciertos políticos, pero el Rey de España no es político, por lo que no resulta lícito que actúe como tal.

Mintió el rey Juan Carlos I (que por esas circunstancias del protocolo, sigue siendo rey) cuando en su discurso de Nochebuena de 2011 afirmó que “la justicia es igual para todos”. La frase cosechó un gran impacto mediático y social, ya que daba a entender que su yerno Iñaki y su hija Cristina iban a recibir el mismo trato judicial que el resto de mortales, algo que luego sólo se cumplió a medias.

En virtud del moderno principio de generalidad de la norma jurídica, la ley sí que es igual para todos, pero la aplicación de esa ley a cada caso concreto, es decir, la Justicia, varía en función de factores como el estatus socioeconómico de los acusados o litigantes, la cantidad de medios técnicos y humanos que el Estado pone a disposición del Poder Judicial, o los prejuicios de los jueces y fiscales.

En este contexto, no es de extrañar la sobreprotección que el Ministerio Fiscal y la Abogacía del Estado están brindando a la ciudadana Cristina Borbón Grecia durante la instrucción y el juicio oral del caso Nóos; ni tampoco la operación relámpago que montó la diplomacia española para rescatar al niño Carromero de una prisión cubana, mientras miles de compatriotas se pudren literalmente en infames cárceles tercermundistas diseminadas por el planeta; ni mucho menos, que un juez de la Audiencia Nacional imponga a un presunto delincuente de guante blanco llamado Jordi Pujol Ferrusola la obligación de comparecer semanalmente ante el juzgado, y que otro juez de esa misma institución obligue a dos titiriteros inocentes a comparecer diariamente.

Como puede verse, la justicia no es igual para todos. El eco de la mentira que hace cuatro años pronunció el entonces Rey de España, llega hasta nuestros días con nuevos casos y distintos protagonistas. Lo más temible en este momento, es que las crecientes desigualdades sociales se traduzcan a medio plazo en insoportables desigualdades judiciales.

 

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