Mercados fundamentalistas, gobernantes vendidos

31. octubre 2014 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

El dinero compra el poder político, que los más ricos y poderosos utilizan para afianzar aún más sus injustos privilegios”. Esta frase, incluida en el informe “Iguales. Acabemos con la desigualdad extrema. Es hora de cambiar las reglas”, de la prestigiosa ONG internacional Oxfam (Intermón-Oxfam, en España), sirve para caracterizar y explicar la situación económica actual en nuestro país y en el resto del planeta.

En este amplio estudio de 155 páginas, Oxfam traduce a números la constatación de que el actual modelo económico sólo sirve para hacer más ricos a los ricos y más pobres al resto, concluyendo que “existen dos poderosos factores políticos y económicos que explican en gran medida las extremas desigualdades actuales: el fundamentalismo de mercado y el secuestro democrático por parte de las élites”.

El fundamentalismo se combate con cultura, y a los chorizos que secuestran la voluntad popular para prostituirla a los caprichos de los macrodelincuentes de la alta economía mundial, se les combate con democracia.

En el primer apartado, resulta fundamental que las Facultades de Economía en particular y las de Humanidades en general rectifiquen las tendencias ideológicas que durante las últimas décadas han asumido como verdades reveladas.

En el segundo apartado, es urgente que el pueblo expulse de sus puestos a todos los chorizos institucionales que, bajo su jerga tecnicista engañabobos, esconden un frontal rechazo hacia los contenidos sociales de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y de las Constituciones nacionales de la mayoría de los países democráticos, en todo lo que éstas se opongan a su propósito de incrementar las fortunas de las personas más adineradas del planeta (que suele ser todo).

Chorizos que, bajo el dogma de que las medidas redistributivas de la riqueza provocarían una estampida de inversores hacia lugares más benignos para sus intereses, están destruyendo todos los equilibrios socioeconómicos preexistentes, para empujarnos hacia una barbarie en la que los más ricos vampirizan legalmente al resto.

Chorizos que viven más pendientes de las exigencias de las grandes multinacionales, que de las necesidades de la población que les ha elegido. A este respecto, el informe de Oxfam es claro al señalar que “las instituciones financieras dedican más de 120 millones de euros anuales a financiar ejércitos de lobistas que trabajan para influir sobre las políticas de la UE a favor de sus intereses”.

Chorizos miserables, gobernantes vendidos que deben ser apartados inmediatamente de sus responsabilidades, antes de que sus políticas antisociales y antiestatales terminen de destruir la democracia y los derechos sociales que tanto tiempo ha costado consolidar. Como dijo hace casi un siglo Louis Brandeis, que entre 1916 y 1939 ejerció como magistrado del Tribunal Supremo de los EEUU, “en este país podemos tener democracia, o bien podemos tener mucha riqueza concentrada en manos de una minoría, pero no podemos tener ambas cosas”. Pues bien, en el año 2014, ha llegado la hora de que la población elija entre democracia o neoliberalismo. La realidad está demostrando que un concepto no cabe en el otro, por mucho que miles de chorizos institucionales traten de hacer creer a la opinión pública que son compatibles.

 

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