Neoliberalismo, desigualdad y racismo

6. septiembre 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Alemania está a punto de cometer el mismo error que cometió hace 83 años, cuando echó la culpa de su penosa situación económica a quienes no la tenían. En aquel entonces, la demagogia del partido nazi consiguió encandilar a una nación culturalmente avanzada, para trasladar a una minoría étnica, la comunidad judía, toda la responsabilidad de un desastre económico que, en realidad, había sido causado por la dinastía imperial que condujo al país hacia una humillante derrota en la primera guerra mundial.

El resultado final de haber instalado a los nazis en el poder es de sobra conocido.

El país de Angela Merkel se encuentra hoy en una situación similar. Las crecientes desigualdades sociales que genera el modelo económico neoliberal, son la causa del no menos creciente malestar ciudadano que hoy puede percibirse en las calles del Estado más avanzado de Europa.

Sin embargo, hoy, como en 1933, la población no pide explicaciones a los jerarcas que han implantado un modelo económico inviable, sino que reacciona en forma de odio hacia el colectivo social más débil, en este caso, el formado por los refugiados e inmigrantes que han ido llegando al país durante los últimos años.

La política de acogida de Angela Merkel está siendo contestada en las urnas, hasta el punto de relegar a su partido al tercer puesto en las elecciones regionales del estado oriental de Mecklemburgo-Pomerania Occidental, por detrás de los socialdemócratas del SPD y de la formación racista Alternativa para Alemania (AfD).

La llama xenófoba prende con tanta facilidad en las mentes secas, que es capaz de dibujar este resultado electoral en uno de los estados alemanes menos afectado por la llegada de refugiados e inmigrantes.

La Europa que está construyendo el neoliberalismo desde la aprobación del Tratado de Maastricht es ciertamente preocupante, ya que trae consigo la desigualdad social, el malestar ciudadano, y por último, el ascenso electoral del totalitarismo ultraderechista. Quizá los gobernantes de los 27 países que forman la UE sean tan tontos como para no verlo, o quizá esta sustitución de la democracia por el autoritarismo sea su proyecto oculto, en el marco de un modelo económico que necesita imponer decisiones gubernamentales por la fuerza.

 

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