Niños matando a niños

23. agosto 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

De vez en cuando, y tras vivir una época de modernidad, progreso y aperturismo, el mundo se ve abocado a sufrir el horror de los tiempos pasados más oscuros. Tiempos de imposiciones, de tiranías, de guerras sin sentido, de persecución cultural y de muerte. Así, tras la Revolución Francesa y la Ilustración, llegó la Restauración absolutista; tras la Comuna de París, llegó la represión más despiadada; tras el ímpetu democrático y cultural del primer tercio del siglo XX, llegaron el nazismo y el fascismo.

Hoy el mundo vive uno de esos momentos de retroceso, en los que da la impresión de que todo lo avanzado en cultura, paz y convivencia, se derrite al calor de las armas y de los prejuicios. El fundamentalismo yihadista es un movimiento sectario abominable, en el que los niños son obligados a asesinar a otros niños. El atentado terrorista contra una boda kurda en Turquía, perpetrado por un niño y en el que murieron decenas de niños; la detención ayer en Kirkuk de un menor que llevaba un cinturón explosivo; o las imágenes de los adiestramientos militares de los llamados “Cachorros del Califato”, son sólo tres muestras de hasta dónde puede llegar la locura humana cuando se convierte en un fenómeno de masas.

El fanatismo se cura con cultura, y el fundamentalismo religioso se cura con inteligencia. Pero mientras llegan la cultura y la inteligencia (si es que los oscuros señores de la guerra permiten que lleguen), es preciso combatir militarmente a los yihadistas en aquellos lugares donde han llegado a dominar territorios enteros, y sobre todo, luchar policialmente contra ellos en el resto de los casos. Salvo en el caso de las conquistas territoriales, es falso que estemos inmersos en una “guerra global”, ya que “sólo” estamos ante un fenómeno terrorista muy localizado en origen, y en el que la inmensa mayoría de las víctimas son musulmanes.

El mundo de la democracia, de la Razón, de los Derechos Humanos, debe unirse una vez más para acabar con una lacra en cuyo origen tiene una parte de responsabilidad, y sobre todo, sin dejar de ser el mundo de la democracia, de la Razón y de los Derechos Humanos. Nuestra propuesta política, social y cultural es mucho mejor que la de los defensores del renacimiento de un “califato” medieval en pleno siglo XXI. Hagamos valer esta superioridad frente a quienes aspiran a crear un mundo en el que los niños asesinan a otros niños.

 

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