No a la impunidad policial

28. septiembre 2012 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

La principal diferencia entre un soldado de Blackwater y un miembro de la Unidad de Intervención Policial española es que el primero trabaja en la más absoluta impunidad, mientras que el segundo debe ajustar su actuación a las leyes del Estado y de los Tratados Internacionales suscritos por España. Es lo que distingue a un mercenario de un policía que ejerce su labor en el marco de un Estado democrático y de Derecho.

Sin embargo, las fronteras que separan la impunidad del respeto a la ley son a veces mucho más difusas de lo que la población española merece que sean.

Mientras los mandos policiales y ministeriales habían tratado de procesar a los detenidos del 25–S y del 26–S como a verdaderos golpistas (estrategia desbaratada por el juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz), éstos últimos han decidido presentar una denuncia colectiva contra la Policía Nacional por su actuación en la plaza de Neptuno y alrededores.

Sin embargo, su denuncia tiene pocas posibilidades de prosperar, ya que resultará imposible saber qué agentes concretos fueron los responsables de las vejaciones, las lesiones y los daños morales sufridos por un buen número de ciudadanos que –tal como se hacía en la segunda mitad de los setenta– sólo habían salido a la calle para reclamar justicia social y democracia.

Los agentes no llevaban su número de identificación, y la ausencia de este número “en el pecho, por encima del bolsillo superior derecho de la prenda de uniformidad” (tal como indica el Real Decreto 1484/1987) convierte a un grupo de agentes de la ley en una caterva de energúmenos que siempre verán arropadas sus posibles extralimitaciones por un extenso manto de impunidad.

El problema es que esta impunidad no parece molestar ni al PP, ni al PSOE, ni a CiU, ni al PNV, ni a CC, ni a UPyD, ni a los jueces y fiscales de este país. La cuestión es: ¿por qué?

 

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