No al trabajo infantil (ni siquiera en Bolivia)

15. julio 2014 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Uno de los avances sociales alcanzados a lo largo de los últimos cien años es la convicción de que los niños de las familias pobres no deben trabajar. Los niños de las familias ricas, nunca lo hicieron. Un noble propósito que choca a veces con la realidad social existente en los países empobrecidos, donde los minisalarios percibidos por los niños–trabajadores resultan esenciales para la supervivencia de sus familias.

Se completa entonces un nuevo giro en la espiral de la pobreza, ya que la incultura de muchos progenitores les lleva a pensar que, a mayor número de hijos, mayor nivel de ingresos familiares. Y así, mientras se extienden la miseria, la superpoblación, la ignorancia y hasta los malos tratos contra los niños, la lacra del trabajo infantil ayuda a que se perpetúe una situación desoladora de la que sólo salen beneficiados los empresarios sin escrúpulos, ya sean éstos nacionales o extranjeros.

Por ello, en medio del empeño mundial por erradicar el trabajo infantil, la reforma laboral boliviana que permite que los niños mayores de 10 años puedan ofrecerse como mano de obra, supone un claro retroceso, aun teniendo en cuenta que han sido los propios niños–trabajadores los que han reclamado al gobierno una regulación garantista respecto a la situación de hecho en la que se encontraban.

Cierto es que esta nueva legislación ofrece a los niños–trabajadores una protección laboral de la que antes no disfrutaban, pero no es menos cierto que éste es uno de esos casos en los que hay que negar la mayor. Ningún niño del mundo debe trabajar.

Además, esta nueva normativa puede acarrear un efecto llamada para los especuladores sin fronteras, que desde ahora pueden contratar legalmente en Bolivia un tipo de mano de obra que les está vedada en otros países.

Si Evo Morales quiere proteger a los niños pobres de su país, lo que debe hacer es subir el salario mínimo para que los ingresos aportados por sus padres sean suficientes para el sostenimiento económico familiar. La segunda medida debería conducir hacia un incremento de la inspección pública para evitar el trabajo infantil, comenzando por aquellos casos donde se dan mayores niveles de explotación. Y por último, no estaría de más una campaña de concienciación social que contribuya a hacer comprender a la sociedad boliviana que el trabajo infantil no es una situación a regular, sino una lacra a erradicar.

 

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