No es país para fundamentalistas (o quizá sí)

25. febrero 2013 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

En ejercicio del legítimo derecho a la libertad ideológica, religiosa y de culto recogido en el artículo 16 de nuestra Constitución, cualquiera puede optar por el fundamentalismo neoliberal como forma de vida. Sin embargo, la llegada de fundamentalistas neoliberales a puestos de responsabilidad institucional desde los que se puede decidir las condiciones de la vida de la gente, es una lacra del sistema que todo demócrata de izquierdas o de derechas, del centro o de la periferia, debería cuestionar.

A fecha de hoy, ha quedado demostrado que el neoliberalismo es absolutamente incompatible con el sistema socioeconómico establecido en nuestra Constitución, por sus continuos ataques a la sanidad pública, a la educación pública, a los derechos de los trabajadores, al papel del Estado como ente redistribuidor de la riqueza, al igualitarismo que informa buena parte de los contenidos de la Carta Magna, e incluso a la propia democracia, prostituida por los neoliberales a los caprichos de los Mercados.

Pero además, algunos fundamentalistas neoliberales van más allá afirmando verdaderas majaderías de quienes se oponen al retroceso económico y social que su ideología supone para el conjunto de la ciudadanía. Uno de ellos es el consejero de Presidencia y Justicia, y portavoz del Gobierno autonómico de Madrid, Salvador Victoria, que el sábado se permitió decir en su perfil de Twitter que “necesitamos democracia, no que hoy, como hace 32 años, los enemigos de las libertades tomen el Congreso y las calles” y que “la marea antisistema y antidemocrática de esta tarde es un tsunami contra las libertades y la democracia parlamentaria. No nos engañan”.

Declaraciones que no dejan el menor margen de duda. Victoria compara a las mareas ciudadanas que el sábado se manifestaron en toda España contra el golpe de Estado financiero en el que vivimos inmersos, con aquel personaje tricorniado que hace 32 años entró pistola en mano al Congreso de los Diputados, secuestró a los representantes de la voluntad popular y cubrió de tiros el techo del hemiciclo.

La estrategia no es nueva. La delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, ya la empleó para calificar como “golpe de Estado encubierto” la movilización que bajo el lema “25–S, Rodea el Congreso”, sólo pretendía denunciar la creciente sumisión de los poderes institucionales de este país a los bastardos intereses de los grandes grupos económicos y financieros nacionales e internacionales. Una movilización de la que todavía se recuerda aquel histórico “¡Que soy compañero, coño!” exclamado por un policía infiltrado entre los manifestantes al que los antidisturbios comenzaron a pegar ¿por ser violento?, ¿por ser pacífico? Quién sabe… (ver vídeo abajo).

En cualquier caso, y volviendo al portavoz del Ejecutivo autonómico madrileño, cabe señalar que además de ser un fundamentalista neoliberal, Salvador Victoria es un cobarde de tomo y lomo ya que ayer mismo, y ante la polvareda que suscitaron sus ciberestupideces del sábado, corrió a refugiarse en el peregrino argumento de que sus tuits se referían a los grupos “antisistema, violentos y anarquistas” que pretendieron “manipular el sentido de muchísima gente que se reunió de buena fe” (declaraciones recogidas por el diario Gente Digital).

Sin embargo, el subconsciente de este espécimen neoliberal volvió a traicionarle cuando remachó que en sus mensajes sólo se refería “a grupos violentos y antisistema, a grupos que manifestaron su intención de que este orden constitucional no les vale y que querían ganar en las calles lo que no se consigue en las urnas” ¿Desde cuándo se presentan a las elecciones los “grupos violentos y antisistema”, señor Victoria?

Después de casi 36 años de democracia formal, España no debería ser país para fundamentalistas. Sin embargo, viendo que un policía nacional revienta a patadas a un árbitro de fútbol menor de edad, que un terrorista de la ultraderecha trabaja de asesor para la Guardia Civil, que un Gobierno sacrifica el Estado Social de nuestra Constitución en el ara del dios Mercado, y que un alto cargo institucional descalifica a las mareas ciudadanas democráticas llamándolas golpistas, es posible que sí lo sea y que en realidad hayamos avanzado muy poco en relación con el ancestral caciquismo que atenaza a este país desde la noche de los tiempos.

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One Comment to “No es país para fundamentalistas (o quizá sí)”

  1. Redacción dice:

    NOTA DE LA REDACCIÓN: Hemos procedido a corregir varios errores gramaticales existentes en la primera línea del texto, que habían pasado desapercibidos al mezclarse el primer borrador con el texto definitivo. Pedimos disculpas a nuestros lectores y lectoras por el error y agradecemos su comprensión.