No se llama crisis, se llama capitalismo

15. octubre 2014 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

La realidad ha demostrado que aquellos jóvenes que acamparon en las plazas españolas un 15 de mayo de 2011 estaban en lo cierto: no es una crisis, es una estafa; una estafa llamada “capitalismo” que funciona a través de números porcentuales icónicos. Por ejemplo, 3% es el número que suele representar las mordidas que el sistema reparte a algunos de sus monaguillos gubernamentales para recompensar sus políticas privatizadoras y antisociales.

70% es la tasa de mortalidad del actual brote de ébola en África, después de que los principales países del capitalismo (cuyas empresas detentan casi el 100% de la riqueza mundial) hayan hecho oídos sordos durante los nueve meses que han transcurrido desde que comenzó a manifestarse la enfermedad.

Si nos referimos al Reino de España, sin duda 24% es el número que mejor representa al sistema. 24% es el porcentaje de trabajadores que quieren acceder a un empleo y no pueden porque el sistema se lo niega, y 24% es también el incremento que ha experimentado el número de ricos en nuestro país durante el último año, según el último informe elaborado por Crédit Suisse. De esta manera se contabiliza el robo de salarios, el robo de impuestos y el robo de pensiones legalizados por el régimen de Rajoy nada más llegar al poder con medidas como la reforma laboral, las deducciones fiscales a las grandes empresas (declaradas ilegales recientemente por la Comisión Europea), o la actualización de las pensiones con pérdida de poder adquisitivo.

De este modo, y según el mismo informe, mientras uno de cada cuatro trabajadores en nuestro país sufre pobreza y exclusión social, España se convierte en el séptimo país del mundo en el que más ha crecido la riqueza a lo largo del último año, con un incremento de 500.000 millones de libras (629.300 millones de euros).

Ni que decir tiene que este incremento del número de ricos y del volumen de sus patrimonios guarda poca relación con la economía productiva real y mucha con la economía financiero-especulativa que tan buenos resultados ha dado a nuestro país desde que a finales de los noventa el entonces ministro de Economía, Rodrigo Rato, decidió fomentar una burbuja inmobiliaria para compensar la pérdida de tejido industrial ocasionada por las deslocalizaciones compulsivas de la globalización capitalista.

Así las cosas, los prebostes del régimen de Rajoy deberían responder a una sencilla pregunta: “si los ricos se están haciendo ya mucho más ricos con la economía financiera que con la economía productiva, ¿por qué habrían de invertir para crear puestos de trabajo?”

El silencio gubernamental ante esta pregunta, formulada desde hace tiempo por algunos de los economistas más inteligentes del país, revela que todo esto que estamos viviendo no se llama “crisis” sino “capitalismo”, un modo de producción que cada día se muestra más ineficiente a la hora de satisfacer las necesidades de la población, y que por esa razón, colapsará más pronto que tarde del mismo modo que otros modos de producción como el esclavista o el feudal sucumbieron antes a causa de sus propias contradicciones, tal como ayer explicaba brillantemente nuestro colaborador Manuel Sogas en la sexta entrega de su trabajo “Una contribución a la crítica de Podemos”.

 

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