Nuevas elecciones, viejo sistema

25. abril 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Nuevas elecciones” es el nombre que han dado los principales líderes del país a su incapacidad para ponerse de acuerdo en un programa de gobierno y en el nombramiento de un presidente que lo desarrolle. Así pues, a lo largo de las próximas semanas abundarán los eslóganes huecos, los mensajes confusos, los postureos calculados, y sobre todo, las encuestas electorales.

Independientemente del medio que las publique y de su orientación ideológica, todos estos oráculos tendrán un elemento en común: el sistema d’Hondt de atribución de escaños seguirá poniendo la gobernabilidad del país en manos de unos nacionalismos periféricos, que al haber abrazado el independentismo por la evolución natural de las cosas, quedan al margen de cualquier pacto en el que puedan participar PP o PSOE.

La XI Legislatura ha sido una oportunidad perdida para haber dotado a este país de un sistema electoral verdaderamente representativo de la voluntad popular.

El escrutinio del 20D es la mejor prueba del fraude legalizado que encierra la actual normativa electoral. IU-UP obtuvo 923.000 votos y 2 escaños; ERC consiguió 600.000 votos y 9 escaños; Democracia y Libertad (antigua Convergencia) cosechó 565.000 votos y 8 escaños; y el PNV logró 301.000 votos y 6 escaños. Mientras tanto, el PP o el PSOE necesitaron alrededor de 60.000 votos para materializar cada uno de sus escaños, frente a los 460.000 que le hicieron falta a IU-UP en esta legislatura, o a los 228.000 que necesitó UPyD en la legislatura anterior.

Durante los últimos cuatro meses, PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos han tenido la posibilidad de introducir justicia en el sistema electoral español, quitando –de paso– las llaves de La Moncloa a unas fuerzas políticas que consideran que La Moncloa está en otro país. Pero no lo han hecho, seguramente porque los diálogos de besugos han sido su prioridad desde el 20D.

Conviene recordar que la falta de consenso para elegir a un nuevo presidente del Gobierno, no priva a las Cortes de su capacidad legislativa. Por ello, hubiera bastado un acuerdo a cuatro entre PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos, en el caso de querer reformar la Constitución para sustituir a la provincia por la comunidad autónoma como circunscripción electoral, o un simple acuerdo a tres entre PSOE, Podemos y Ciudadanos para cambiar sólo el sistema de atribución de escaños establecido en la Ley Orgánica de Régimen Electoral General de 1985.

Pues bien, ni lo uno ni lo otro.

Preparémonos, pues, para que el 26J alumbre una situación similar a la actual, en la que tanto el bloque de centro-derecha PP-Ciudadanos, como el bloque de centro-izquierda PSOE-Podemos-IU necesiten a los independentistas de derechas o de izquierdas para alcanzar una mayoría de gobierno. Y después de eso, ¿qué será lo próximo?

 

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