Operación Esperanza Aguirre

10. julio 2013 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Hace algunos meses CRÓNICA DE ARAGÓN alertaba en este mismo espacio sobre la posibilidad de que el fenómeno mediático construido en torno a la corrupción actuase como cortina de humo para que la población española olvidase los recortes presupuestarios y las demás políticas antisociales que se están imponiendo so pretexto de la crisis.

En estos momentos tenemos a un gobierno que está a punto de caer, no por la insuficiente reacción ciudadana frente a esas políticas antisociales (y por lo tanto, anticonstitucionales), sino por una trama de corrupción que presuntamente afecta a casi toda la cúpula que ha manejado las riendas del Partido Popular durante el último cuarto de siglo.

Así pues, la mayoría de la población española está dispuesta a que las instancias gubernamentales le roben directamente de su bolsillo prestaciones por dependencia, pagas extras de Navidad, becas escolares, derechos laborales o servicios sanitarios. Sin embargo, la indignación sólo se desboca cuando la ciudadanía toma consciencia de que el importe de otro latrocinio similar se ha repartido, presuntamente, a través de sobres sin nombre.

El Partido Popular vive en este momento su crisis más profunda desde que sus propias mentiras le condujeron a perder las elecciones generales de 2004. En este contexto, ayer emergió una figura de cuya aparición este diario viene advirtiendo desde mediados de 2009 (“Aznar contra Rajoy” 14–5–2009, “Ambición y liderazgo” 3–1–2011, “Maniobras preelectorales en la oscuridad” 26–1–2011): Esperanza Aguirre.

La lideresa madrileña, a quien según algunas fuentes Rajoy apartó de la presidencia de Madrid por sus oscuras negociaciones con los promotores de Eurovegas, está a punto de erigirse como sucesora de un Rajoy roto por la economía, magullado por su falta de carisma y estoqueado por la aparición de su nombre en la contabilidad paralela de un ex tesorero. La exigencia de transparencia y de responsabilidades que ayer Aguirre dirigió públicamente a Rajoy suena a golpe de Estado en Génova.

Las “virtudes” de una lideresa capaz de vender el Estado de Derecho español por un plato de casinos, o de acceder a la presidencia de la Comunidad de Madrid de la mano de dos tránsfugas, son innegables para la derecha cavernaria: su nombre no aparece en los papeles de Bárcenas, y su populismo es capaz de conectar con el abundante lumpen que pulula por la sociedad española, del mismo modo que las poses televisivas de las “princesas del pueblo” han ganado los corazones de todos los telebasuradictos del país.

No es de extrañar, pues, que Bárcenas, en su ofensiva final, haya entregado los originales de la supuesta contabilidad paralela a Pedro J. Ramírez, uno de los principales apoyos mediáticos de Esperanza Aguirre y de todos aquellos depredadores sociales que consideran que una buena ley de la selva siempre es preferible a cualquier modelo socioeconómico de bienestar colectivo.

 

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