Pactos y confluencias

3. junio 2015 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

El mapa institucional de este país está cambiando de forma tan vertiginosa como su esquema sociopolítico. Se acaba de incorporar a la vida pública una nueva generación de españoles cuya principal característica es que no han vivido ni el postfranquismo ni la Transición, sino que las han estudiado en los libros de texto.

A la primera generación 100% democrática de la historia de este país no se le puede engañar con argumentos demagógicos ni con soflamas estúpidas ya que, por primera vez desde Atapuerca, cuenta con la cultura política necesaria para analizar de forma objetiva la realidad propia y la circundante.

Muchos lucharon hasta ahora para convencer a la ciudadanía de que democracia significaba otorgar un cheque en blanco cada cuatro años, y dejar hacer, dejar pasar, a los gobernantes y a quienes les dan las órdenes desde las más altas atalayas económicas.

Pero el cuento ha cambiado hasta extremos insospechados. El 15-M nos enseñó de forma espontánea que en las plazas podía y debía haber debate de ideas y de propuestas; que era posible plantarse ante la ignominia; y que no hay razón de Estado alguna que pueda imponer un modelo económico en el que los ricos son cada vez más ricos, a costa del empobrecimiento progresivo del resto de la población.

Por ello, en el nuevo mapa institucional de este país, son necesarios los pactos y las confluencias, o más exactamente, los pactos sinceros y las confluencias sensatas. A partir de ahora, las urnas castigarán severamente tanto a quienes incumplan sus programas electorales, como a aquellos que se marquen un “Susana-Díaz” suscribiendo pactos sin la menor intención de cumplirlos. A partir de ahora, las urnas castigarán severamente también a quienes pudiendo construir confluencias electorales y políticas con otras fuerzas políticas afines, hagan prevalecer el 5% de diferencias sobre el 95% de acuerdos.

 

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