Pagar por mear

25. septiembre 2013 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

En su evolución hacia lo microscópico, el nacionalismo de los incautos y el afán privatizador de los neoliberales comparten muchas similitudes. Su irracionalidad (en tanto que fenómenos emotivos) y su carácter ilimitado son dos de ellas.

La espiral decreciente que suelen construir los primeros en su búsqueda permanente de elementos diferenciales (continente–región–Estado–nación–provincia–comarca–ciudad–barrio–zona…) se corresponde con el interés de los segundos por dividir y subdividir unidades y fracciones productivas susceptibles de ser privatizadas.

El régimen de Rajoy nos dio buenas muestras de ello hace unas semanas cuando “privatizó” la luz solar, imponiendo unas cargas legales injustas e insoportables para las empresas y las familias que decidan invertir en este tipo de energía renovable.

Sin embargo, la versión más escatológica y casposa de su afán privatizador llegó ayer con la noticia de que la empresa pública ADIF se propone externalizar los urinarios de la estación ferroviaria de Atocha. De este modo, los neoliberales españoles pretenden hacer pagar a los usuarios de los inodoros instalados en un edificio público por realizar un acto fisiológico que es esencialmente gratuito.

Quizá en su obsesión enfermiza por las economías de escala decidan incluir elementos de progresividad, como por ejemplo cobrar en función de los centímetros cúbicos evacuados, introduciendo diferencias de tarifa entre las aguas menores y las aguas mayores, y por supuesto, con bonos descuento 3×2 para los enfermos diarreicos que acrediten suficientemente su situación.

Las excusas ofrecidas por ADIF no dejan de ser absurdas y demenciales, ya que ningún coste de mantenimiento puede llevar a que se introduzca el ánimo de lucro en un urinario público. Más bien parece que esta estrambótica decisión está pensada para asestar un nuevo hachazo contra el modelo de redistribución de la riqueza inherente al Estado del Bienestar, que consiste –básicamente– en que el Estado establece un sistema fiscal progresivo con el que luego atender los servicios públicos básicos, de modo que éstos sean universales y gratuitos.

Al parecer, mear y otros lujos similares van a quedar fuera de la cartera de servicios que ofrece el Estado a sus ciudadanos, al menos, en la madrileña estación de Atocha.

 

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