Pero, ¿en manos de quién estamos?

25. marzo 2013 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

El ministro español de Economía y Competitividad, Luis de Guindos (más conocido por ejercer como alto directivo de Lehman Brothers España hasta la quiebra de la entidad) dijo el viernes tres cosas sobre Chipre: uno, que no había riesgo de contagio al resto de la Eurozona; dos, que Chipe no saldrá del euro; y tres, que todos deseamos eso.

Cuarenta y ocho horas después, De Guindos reafirmaba ayer en Bruselas que “la posibilidad de contagio está descartada” justo antes de declarar que “los problemas de Chipre van mucho más allá de la economía chipriota” y que “la posibilidad de contagio se pondría de manifiesto si la unión monetaria, en este caso el Eurogrupo, no es capaz de tomar una decisión que sea concluyente en relación con la economía chipriota”. Horas después, De Guindos se mostraba satisfecho con el pacto alcanzado entre Chipre y la Troika, a pesar de que éste descartaba el mordisco a los ahorros de los chipriotas acordado diez días antes por esos mismos protagonistas.

Sobran los comentarios. Se puede comprobar perfectamente en manos de quién estamos. Y más si tenemos en cuenta que el Gobierno de España declaró públicamente no ser partidario de que se arrebatase una parte de sus ahorros a los depositantes de los bancos chipriotas, después de que De Guindos fuese uno de los miembros del Eurogrupo que el pasado 15 de marzo impuso esa condición al gobierno de Nicosia.

En cualquier caso, no son de extrañar estos desvaríos del ministro De Guindos si tenemos presente que, antes de su desgraciado paso por Lehman Brothers, ejerció como mano derecha de Rodrigo Rato durante su mandato como ministro de Economía en el gobierno de Aznar. Un Rodrigo Rato que no solo fue el muñidor gubernamental de la burbuja inmobiliario–financiera vivida por nuestro país entre 1998 y 2008, sino que además pasará a la historia por cobrar 2,34 millones de euros anuales como presidente de Bankia mientras impulsaba el fraude de las participaciones preferentes entre sus clientes.

Un verdadero “genio” de la economía, que ha dejado como heredero institucional a un “semigenio” capaz de afirmar una cosa y su contraria casi en la misma frase, mientras experimenta con humanos sus estrambóticas tesis neoliberales.

 

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