Podemos, entre la pureza y el posibilismo

31. marzo 2015 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Tal como cabía esperar, Podemos se enfrenta en estos momentos a un dilema entre la pureza política y el posibilismo institucional. Es una de las servidumbres que conlleva la metamorfosis de movimiento social a partido político. Después de haber rebajado notablemente aquel rompedor programa electoral que les llevó en 2014 a conseguir cinco escaños en el Parlamento Europeo, parece que la formación liderada por Pablo Iglesias sigue rebajando el listón de sus reivindicaciones a propósito de la investidura de Susana Díaz como presidenta de Andalucía.

Así, mientras la líder de Podemos-Andalucía, Teresa Rodríguez, habla de tres “líneas rojas” o “condiciones” para facilitar la investidura de la candidata socialista (a saber: dimisión de Chaves y Griñán de sus escaños en las Cortes por su imputación en el caso de los ERE, ruptura de relaciones económicas entre el Gobierno de Andalucía y los bancos que desahucien a familias sin recursos, y reducción de cargos de confianza en la Administración autonómica para dedicar ese dinero a la contratación de médicos y maestros), desde la dirección estatal de Podemos la secretaria de Coordinación Ejecutiva, Ángela Ballester, dice que “no son condiciones, son propuestas” y que “en todo caso, el diálogo sigue abierto, no hemos establecido líneas rojas”.

Tras su primera participación en elecciones convocadas para elegir órganos legislativos en territorio español, Podemos ha descubierto que la realidad institucional es un ámbito en el que cada uno sólo cuenta con la relevancia que sus votos le han otorgado, y en el que hay otros actores políticos que pueden recabar mayor respaldo ciudadano, incluso a través de propuestas políticas menos acertadas. Un ámbito en el que ya no basta con hablar de “arriba y abajo”, ni con decir que el PSOE y el PP son “casta”, sino que hay que decidir, desde una posición minoritaria, a cuál de los dos partidos mayoritarios se le facilita el acceso al poder, y a cambio de qué. Y todo ello, sin perder la coherencia ni la voluntad de servir a la ciudadanía sobre la base del programa electoral propio.

Otras formaciones políticas como IU se enfrentan desde hace décadas a esta permanente cuadratura del círculo, para cuya solución resulta muy útil contar con el componente ideológico del que la formación de Pablo Iglesias se enorgullece de carecer. Tiempos nuevos, mismos retos.

 

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