Política económica y fundamentalismo neoliberal

31. enero 2012 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Las últimas horas han servido como perfecto marco para observar las diferencias que existen entre realizar política económica y profesar fundamentalismo neoliberal.

Mientras el presidente venezolano Hugo Chávez avisaba este domingo sobre la posibilidad de nacionalizar los bancos privados que no colaborasen con la política estatal de abrir el crédito a los pequeños productores agrarios del país, Rajoy elevaba ayer a la categoría de “sagrado” el reto de reducir el gasto público en España.

Dos modelos contrapuestos que conducen a otros tantos tipos de relaciones entre el poder político democráticamente elegido, y el poder económico–financiero que jamás ha concurrido a unas elecciones para intentar legitimar socialmente sus tesis.

En este sentido, el presidente Chávez, con todos sus excesos verbales y gestuales, acreditó su firme voluntad de anteponer el primero sobre el segundo. Seguramente, España viviría hoy otra realidad si durante la década prodigiosa del ladrillo, alguien del Gobierno de Aznar o de Rodríguez Zapatero hubiese intentado meter en cintura al sector financiero español.

En el otro extremo de la escala de la racionalidad política, Mariano Rajoy expresaba ayer en Bruselas que “España cree que hay que hacer todo a la vez: la consolidación fiscal, y a la vez las reformas, y a la vez, que se garanticen instrumentos de liquidez, y a la vez, ir tomando medidas que puedan ir resolviendo problemas concretos”. Sin duda, un brindis al sol nacido de la fe neoliberal que profesa el presidente del Gobierno, y por lo tanto, carente de cualquier vínculo con la realidad.

Al parecer, Rajoy y su equipo no son conscientes de que todos los indicadores económicos señalan que las reformas laborales sólo producen paro y precariedad, y que los recortes presupuestarios no sólo agravan la situación de crisis económica que padecemos, sino que atentan contra el bienestar y hasta contra la propia vida de los ciudadanos y ciudadanas de este país.

Ni siquiera es consciente el presidente del Gobierno español de que no debería temer la convocatoria de una huelga general como respuesta a la reforma del mercado de trabajo que su Ejecutivo se dispone a aprobar, ya que las cúpulas de UGT y CCOO han acumulado tanto desprestigio social durante las últimas décadas como para convertir la protesta en inofensiva.

Sólo una huelga general convocada por la ciudadanía a través de plataformas sociales como el 15M o Democracia Real YA! debería inquietar al actual inquilino de La Moncloa.

 

Tags: , , ,

Comentarios cerrados