Populares y populacheros

14. noviembre 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Más allá de la corrección diplomática, los partidos de extrema derecha han sido los únicos que han exteriorizado su entusiasmo por la victoria de Donald Trump. El Frente Nacional en Francia, Amanecer Dorado en Grecia, Alternativa para Alemania en el país teutón, UKIP en el Reino Unido y Esperanza Aguirre en España forman parte de la pandilla de tuercebotas con la que puede contar Trump en Europa.

La cosa va degenerando puesto que el último presidente tonto de los EEUU, George W. Bush, tuvo como socios europeos a Tony Blair, José Manuel Durao Barroso y José María Aznar, personas que a pesar de sus presuntos crímenes de guerra, reunían un nivel intelectual superior al de aquellos que van a jalear las políticas xenófobas, machistas y ultranacionalistas del multimillonario neoyorquino.

En su indisimulada admiración por Trump, Esperanza Aguirre se ha atrevido incluso a encasillarlo en una determinada ideología política. La portavoz municipal del PP en el Ayuntamiento de Madrid decía el pasado viernes que “yo no sé si Trump es populista, lo que sí sé es que es popular, que es populachero,… y que parece que conoce bastante bien dónde les aprieta el zapato a muchos millones de norteamericanos”.

Así pues, según Aguirre (esa luz de la sabiduría que lo sabe todo menos lo que pasaba a su alrededor cuando las personas de su equipo se corrompían como bellacos), Donald Trump es un “populachero”, es decir alguien que “halaga al populacho para ser comprendido y estimado por él”, siendo “populacho” la “parte ínfima de la plebe”. Dos definiciones que aparecen en el Diccionario de la Real Academia Española.

Y hablando de tontos, llama la atención esa corriente ideológica que en los últimos días anda por España comparando a Donald Trump con Podemos a causa de un supuesto populismo compartido. Albert Rivera, por ejemplo, declaraba el viernes que “el populismo, sea de extrema derecha o de extrema izquierda, se toca”. El líder supremo de Ciudadanos olvidó mencionar, no obstante, el populismo de centro apolítico, ese que antes de la elecciones dice que Ciudadanos jamás firmará pactos de perdedores para arrebatar la Presidencia del Gobierno al partido más votado, y después firma un pacto de investidura con Pedro Sánchez; ese que antes de las elecciones dice que Ciudadanos jamás hará presidente del Gobierno a Mariano Rajoy, y después le entrega sus votos para que lo sea.

En este delirio de extremo-centro ultra-derechista, el portavoz de Ciudadanos en Madrid, Miguel Gutiérrez llegaba a proponer ayer que las manifestaciones se hagan, pero en casa de cada uno, ya que “la política se hace en el Parlamento, en los Parlamentos autonómicos, en los Ayuntamientos, y no desde luego, en la calle a través de hacer política de pancarta”.

La mentira, la manipulación, el engaño, el argumentario, la falsedad y la incoherencia está infectando el discurso político a tal velocidad que ya resulta prácticamente imposible diseñar y aplicar un antídoto eficaz contra esta epidemia. Eso lo saben bien personajes populistas y populacheros como Donald Trump, Esperanza Aguirre y Albert Rivera, especialistas en “halagar a la parte más ínfima de la plebe para ser comprendidos y estimados por ella” (Aguirre dixit).

 

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