Por la escuela pública en Valdespartera

20. noviembre 2014 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Suena triste, pero España suele medir su desarrollo económico por la cantidad de ladrillos que es capaz de colocar durante un tiempo determinado. Tanto el boom inmobiliario de las décadas de los sesenta y setenta del pasado siglo, como el de la primera década del actual, han dejado tras de sí un reguero de nuevos ricos, una mejora momentánea de las cifras macroeconómicas, y un rosario de ciudades inconexas y desequilibradas en las que población y servicios no suelen caminar de la mano.

Algunas formaciones políticas han defendido durante los últimos tiempos el concepto mediterráneo de la “ciudad consolidada”, no como un capricho ideológico, sino como principio para armonizar el desarrollo urbano existente, antes de explorar las posibilidades de construir viviendas en el extrarradio. Pero este concepto, íntimamente ligado a la cultura mediterránea, fue desechado por determinados gobernantes que pusieron los suelos de las afueras a disposición de constructores y banqueros para que ambos hicieran su negocio.

Sin embargo, tras la extracción masiva de plusvalías por parte de la iniciativa privada, había una obligación incumplida por parte del Estado: la de aportar a los colonos de las nuevas urbanizaciones todos los servicios necesarios para su vida cotidiana.

En el caso de los nuevos barrios sur de la capital zaragozana, la falta de planificación por parte de las Administraciones Públicas roza lo escandaloso. Desde hace más de una década se sabía que Valdespartera, Rosales y Arcosur iban a necesitar transporte público, farmacias, colegios, guarderías públicas, centros de salud, institutos, centros cívicos… Sin embargo, estos servicios esenciales han llegado con demasiado retraso y por cuentagotas.

Ahora surge la polémica en torno a la cesión de suelo municipal en Valdespartera para la construcción de un colegio público por parte del Gobierno de Aragón, y la posibilidad de que este centro no sea público, sino privado-concertado, como pretende el gobierno conservador de Luisa Fernanda Rudi.

El hecho de que la Justicia haya anulado la condición impuesta inicialmente por el consistorio de que el colegio fuera público para proceder a la cesión del suelo, no anula la cuestión de fondo, desligada en dos principios políticos básicos: uno, el Gobierno de Aragón tiene la obligación de construir un colegio público en Valdespartera para cubrir la demanda de plazas existente en la zona; y dos, es preciso preservar del ánimo de lucro privado determinados servicios públicos esenciales como la sanidad o la educación.

Desde este punto de vista, resultan inadmisibles las declaraciones del todavía alcalde de Zaragoza, Juan Alberto Belloch, en el sentido de lo importante “es que se cubra el servicio” de la forma que sea, ya que una persona de izquierdas debería saber que no es lo mismo una forma que otra. La filosofía del “gato blanco, gato negro, qué más da… lo importante es que cace ratones”, practicada primero por el dictador chino Deng Xiaoping y luego por el presidente del gobierno español Felipe González, nos ha llevado a un mundo cada vez más desigual en el que el poder político (es decir, la democracia) vive sometido al poder económico (es decir, a la dictadura de los Mercados).

 

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