Por los recortes, Ma-To

7. octubre 2014 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Falsedad, improvisación, chapucería, marketing, ignorancia, ineptitud, racanería, y posible responsabilidad criminal por negligencia son algunos de los conceptos que definen la gestión de la ministra de Sanidad, Ana Mato, y del consejero homólogo de la Comunidad de Madrid, Javier Rodríguez, a propósito del contagio por ébola de una de las sanitarias que atendieron a los pacientes repatriados (y posteriormente fallecidos) Miguel Pajares y Manuel García Viejo.

Muchas voces denostaron hace dos años a Xosé Manuel Beiras por decir en el Parlamento Gallego que los recortes en Sanidad “están matando a más gente que ningún grupo terrorista del Estado español”. Sin embargo, la realidad demuestra cada día que el diputado autonómico de Alternativa Galega de Esquerdas – Izquierda Unida estaba en lo cierto. Las víctimas no son sólo las mujeres con cáncer de mama en lista de espera o los inmigrantes sin derecho a atención médica, como afirmaba Beiras en aquel momento, sino que la ignominia criminal de los recortes también afecta ya al personal sanitario cuya vida se pone en riesgo como consecuencia de un caótico procedimiento de repatriación y tratamiento de dos personas infectadas por ébola.

Mata también la decisión gubernamental de desmantelar el Hospital Carlos III de Madrid como centro de referencia para enfermedades infecciosas y tropicales; del mismo modo que matan todos y cada uno de los recortes presupuestarios que tienen que ver con la calidad de la atención sanitaria que recibe la población. De hecho, el Hospital Carlos III de Madrid jamás debió haberse desmantelado como centro de referencia para enfermedades infecciosas, puesto que hoy resulta más útil que nunca para el tratamiento del brote de neoliberalismo que sufren los gobernantes de nuestro país, una de las enfermedades más virulentas y contagiosas que la Humanidad ha conocido.

En cualquier caso, Ana Mato y Javier Rodríguez aseguraron que el viaje del ébola a España a bordo de dos misioneros infectados, no entrañaba ningún riesgo para la población de nuestro país, ya que se habían seguido todos los protocolos existentes. Mintieron, tal y como demuestra el contagio de la sanitaria que los atendió. Según afirman otros profesionales del centro, ni había protocolos definidos, ni el personal tenía la formación necesaria para tratar esta enfermedad, ni las instalaciones hospitalarias eran las adecuadas.

Las personas en general y los políticos en particular son dignos de confianza hasta que se les pilla en una mentira. Mato y Rodríguez han mentido, y por lo tanto, no sólo deben dimitir de forma inmediata, sino que también deben afrontar las consecuencias penales a las que su negligencia pudiera dar lugar.

 

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