Por una campaña digna

9. junio 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

En teoría, la democracia debería funcionar de una manera muy sencilla. Ante la imposibilidad de que todos los gobernados sean gobernantes, los representantes de la ciudadanía deberían proponer unos programas de gobierno serios y fiables, con la intención de desarrollarlos total o parcialmente, en función del grado de apoyo social obtenido.

Sin embargo, otros factores extrademocráticos como la política-espectáculo, la escasa capacidad crítica de la ciudadanía, la preeminencia de lo económico sobre lo político, o la debilidad ideológica y ética de buena parte de los candidatos, hacen que el sistema democrático, el único deseable, sea percibido a veces como una maquinaria tan costosa como inútil.

Esta noche comienza una campaña electoral en la que los candidatos y candidatas tienen la oportunidad de fijar, limpiar y dar esplendor a la democracia, independientemente de las siglas a las que representen.

La sociedad española del siglo XXI está pidiendo cambios profundos en las formas de hacer política. El sectarismo, el populismo, el autoritarismo, la hipocresía y la demagogia no deberían tener cabida en unas instituciones costeadas con dinero público. Todas ellas deberían ser sustituidas por la reflexión, la propuesta sensata, el respeto al pueblo soberano y la coherencia entre lo prometido y lo actuado.

Hace unos días nos referíamos a la muerte del espíritu del Tío Cuco. Si los candidatos y candidatas quieren ser útiles al país en esta campaña y en la posterior legislatura, lo que deberían hacer es visionar de nuevo el último cara a cara entre Pablo Iglesias y Albert Rivera, y luego hacer todo lo contrario.

 

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