Presuntas negligencias cuasimortales

16. agosto 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

El diario Heraldo de Aragón abría su edición del pasado domingo con un titular verdaderamente escalofriante: “La tiroteada llevó grabaciones con amenazas de su exmarido que no escucharon en comisaría”. Al parecer, la Policía Nacional ha abierto una investigación interna para averiguar las razones por las cuales no se hizo caso a la víctima, dos días antes del tiroteo que casi le cuesta la vida.

Ante la presunta falta de atención por parte de dos agentes de la Comisaría de Distrito Zaragoza Centro (según lo publicado por Heraldo de Aragón), la mujer amenazada decidió dirigirse al teléfono estatal 016 para víctimas de la violencia machista. Teniendo en cuenta los hechos posteriores, tampoco parece que estas llamadas resultaran de mucha utilidad.

De confirmarse todas estas circunstancias, la pregunta es clara: ¿de qué sirve que el Estado gaste millones de euros en campañas de sensibilización e información sobre violencia machista, si ni siquiera es capaz de concienciar a algunos de los funcionarios policiales que forman la primera línea de defensa frente a esta lacra?

También se instala en la mente otra duda: si a unos policías les resultan irrelevantes las grabaciones amenazantes de un exmarido armado, ¿qué necesitan para ganarse el sueldo que les pagamos entre todos y todas?

En estos momentos, hay dos investigaciones abiertas, una interna de la Policía Nacional, y otra judicial por intento de asesinato. Si los hechos relatados por Heraldo de Aragón fueran ciertos, hay que esperar mucho más de la judicial que de la policial, ya que al frente del Ministerio del Interior sigue habiendo un tipo sospechoso de haber utilizado su despacho para conspirar contra sus rivales políticos.

La no dimisión en su momento de Jorge Fernández Díaz acrecienta la desconfianza hacia “su” Ministerio del Interior, hasta el punto de que bien podría ocurrir que alguno de sus responsables intentara presentar una presunta negligencia gravísima como si fuera un simple malentendido entre dos ciudadanas y los policías que las atendieron. Es lo que ocurre cuando las manchas cloacales de un ministro se extienden hasta el Ministerio que gestiona.

 

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