PSOE: cuando cambiar de caras no es suficiente

27. mayo 2014 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Tras la monumental derrota cosechada por el PSOE en las Europeas, y siguiendo los principios de la mercadotecnia política, el partido de Rubalcaba se dispone a afrontar un congreso extraordinario en el que, haciendo proyección de lo que está ocurriendo a fecha de hoy, el debate sobre nombres va a prevalecer sobre el debate de ideas.

Sin embargo, lo que necesita el viejo partido fundado por Pablo Iglesias es una renovación absoluta de principios, estructuras, programas y actitudes, después de haber protagonizado, con González y Zapatero, dos ciclos completos de “oposición roja, gobierno gris, política económica azul, derrota sonrojante y oposición roja”.

Desde que el 12 de mayo de 2010 Rodríguez Zapatero (alias “no os fallaré”) se subió a la tribuna del Congreso para arrodillarse ante el dios Mercado, esta formación política ha entrado en una caída libre que podría culminar con su desaparición.

Las Elecciones Europeas han demostrado que la ciudadanía española ya no se cree aquellas consignas del bipartidismo que tanto efecto causaban en el electorado. A fecha de hoy carece de sentido gritar “¡Que viene la derecha!” o aludir a la “herencia recibida” puesto que tanto el PSOE como el PP han recortado gasto público, congelado salarios y pensiones, privatizado patrimonio público, apuñalado la progresividad fiscal y obedecido a pies juntillas las recetas de un nuevo orden mundial que sólo ha servido para hacer más ricos a los ricos y más pobres al resto.

Por eso, en este momento, no basta con un cambio de caras en el PSOE. El desprestigio acumulado durante décadas requiere una renovación profunda que aparte a los socialistas del estéril turnismo impuesto por los poderes económicos, y los acerque a la senda de la socialdemocracia, un terreno casi desconocido para un partido que pasó, en un abrir y cerrar de ojos, del socialismo marxista de la clandestinidad al social–liberalismo del poder.

La retirada de Rubalcaba en el próximo congreso del mes de julio debe suponer el cierre definitivo de un ciclo que se inició en Suresnes. Hay que vaciar el viejo edificio socialista, tirar paredes, levantar suelos, renovar cubiertas, sustituir vigas, restaurar techos, acristalar cerramientos y reamueblar el interior con criterios de funcionalidad, dejando la suntuosidad para los adversarios ideológicos.

Si el único resultado del próximo congreso es un nuevo equipo directivo que ocupe las mismas sillas y sillones de sus antecesores, dentro de las mismas estructuras y con programas semejantes a los desarrollados hasta ahora desde Ferraz, la ciudadanía no tardará en descubrir la maniobra gatopardista en el seno de un partido que una vez fue de izquierdas, pero que ahora sólo aspira a seguir ocupando el 50% del neoturnismo español.

 

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