PSOE, para que el pueblo calle

4. abril 2017 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

A menos de 20 días para la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas, parece que la crisis general de la socialdemocracia está asfixiando al Partido Socialista de aquel país. El movimiento político y social Francia Insumisa de Jean-Luc Melenchon podría adelantar por la izquierda al PS, cuyo candidato, Benoît Hanon ni siquiera recibirá el voto de su rival en las primarias socialistas, Manuel Valls.

La socialdemocracia europea sigue buscando un espacio político después de haberse rendido con armas y bagajes al neoliberalismo globalizador. Su problema es que en estos momentos carece de la credibilidad mínima necesaria para defender propuestas progresistas ante las nuevas generaciones de votantes.

Cuando resulta imposible encontrar las siete diferencias económicas entre François Hollande, Rodríguez Zapatero, Ángela Merkel, Mariano Rajoy y Jeroen Dijsselbloem, la socialdemocracia tiene un problema grave.

Tampoco hay demasiadas diferencias en cuanto a la concepción de la democracia, tal como demostró la entrevista a Rodríguez Zapatero que La Sexta TV emitió el pasado domingo. Hubo un punto culminante cuando el expresidente “socialista” dijo con cara de asco que “las consultas… yo tengo una desconfianza… porque todas, al final, tienen un aroma plebiscitario”. Ante lo insólito de que un presunto demócrata diga esto, la presentadora Ana Pastor le preguntó: “¿Y qué tiene de malo?”, a lo que ZP–no–os–fallaré respondió con un argumento todavía más perturbador: “Pues bastante,… como demuestran los hechos, por eso no estoy de acuerdo con el referéndum de Cataluña, no estoy de acuerdo con el referéndum del Brexit,… nunca he estado de acuerdo con esas posiciones”.

Ignoramos con cuál de las tres acepciones que la Real Academia Española concede al término “plebiscito” está en desacuerdo Rodríguez Zapatero (1), pero sus declaraciones le hacen cómplice de esa visión antidemocrática de la política, en virtud de la cual, la ciudadanía elige en las urnas a unos gestores, pero no puede elegir las políticas que éstos van a llevar a cabo, ya que los incumplimientos de programa electoral quedan impunes, y los “plebiscitos” para temas importantes están mal vistos. Sólo cabe obedecer al dios Mercado, mientras la democracia se va convirtiendo en plutocracia a un ritmo tan lento, que es difícil de percibir.

Estas declaraciones de Rodríguez Zapatero (uno de los más firmes apoyos de Susana Díaz en las primarias del PSOE, junto a otros jóvenes militantes como Felipe González, Alfonso Guerra o José Bono), sitúan perfectamente el punto en el que se encuentra hoy en día el autodenominado Partido Socialista Obrero Español. Con seis meses de interinidad en la dirección, y en medio de una lucha a muerte por el poder, sin que todavía se haya escuchado una sola discrepancia ideológica entre los contendientes, poco puede ofrecer hoy a la ciudadanía española aquel partido que el impresor Pablo Iglesias fundó en 1879. Tan poco, posiblemente, como el Partido Socialista francés a la ciudadanía francesa.

No obstante, que nadie en las alturas se alarme: Francia Insumisa, Syriza o Podemos no son más que la nueva socialdemocracia del siglo XXI. Su mensaje redistribuidor de la riqueza en lo económico y radicalmente democrático en lo institucional, no van más allá de los posicionamientos socialdemócratas más avanzados del siglo XX. Gracias a éstos últimos, Europa avanzó hacia el Estado del Bienestar. Para evitar ahora que el neoliberalismo y el social-liberalismo lo sigan demoliendo, son más necesarios que nunca tanto los nuevos movimientos de la izquierda alternativa, como los militantes socialistas que, a título individual, aborrezcan la trayectoria de un partido en el que los plebiscitos, la democracia y la redistribución de la riqueza son vistos como algo de mal gusto.

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(1) Plebiscito (Del lat. plebiscītum)

1. m. Resolución tomada por todo un pueblo por mayoría de votos.

2. m. Consulta que los poderes públicos someten al voto popular directo para que apruebe o rechace una determinada propuesta sobre una cuestión política o legal.

3. m. En la antigua Roma, ley que la plebe establecía a propuesta de su tribuno, separadamente de las clases superiores de la república, y que obligó al principio solo a los plebeyos, pero más tarde a todo el pueblo.

 

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