¿Qué es un rey para ti?

31. marzo 2017 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Cada año se convoca en las aulas españolas de Primaria y Secundaria el concurso “¿Qué es un rey para ti?”, promovido por la Fundación Institucional Española (entidad creada en 1976 para hacer valer “la Corona como institución integradora e impulsora de la convivencia”), y orientado hacia el adoctrinamiento político de los escolares.

Pues bien, esta sencilla pregunta que se hace en las aulas, no podría plantearse en el Congreso de los Diputados, no porque allí no haya personas con talentos equivalentes al de un alumno de 9 años, sino porque en sede parlamentaria está prohibido hacer preguntas sobre el rey.

La Mesa del Congreso (formada por 3 miembros del PP, 2 del PSOE, 2 de Unidos Podemos y 2 de Ciudadanos) comunicó ayer que no admite a trámite varias preguntas formuladas por un diputado de Izquierda Unida sobre la transparencia de la Jefatura del Estado, la fiscalización de la Casa Real, la posible existencia de cuentas en Suiza a nombre de miembros de la familia del rey, o el patrimonio acumulado por el exrey Juan Carlos I.

Por lo tanto, si “la soberanía nacional reside en el pueblo español” (art. 1.2 de la Constitución), y el pueblo español está representado en el Congreso y en el Senado (art. 66), ¿ante quién demonios tiene que preguntar el pueblo por las andanzas de su monarca?

La respuesta es simple: ante nadie. La Constitución posfranquista de 1978 tiene soluciones para todo, incluso para meter al rey de España en una burbuja protectora situada al margen de las instituciones y del ordenamiento jurídico. Así, mientras un diputado o una senadora elegidos por el pueblo gozan de “inviolabilidad” solo por “las opiniones manifestadas en el ejercicio de sus funciones” (art. 71), el rey de España, al que nadie ha elegido en las urnas, es “inviolable” en general, y su figura “no está sujeta a responsabilidad” (art. 56.3).

De este modo, bien podría darse el caso hipotético de que el rey de España se dedicara a cobrar comisiones ilegales por labores de mediación empresarial internacional, o a gastar –hipotéticamente– el dinero de los fondos reservados para pagar la compañía de sus amiguitas con derecho a roce. Como en el Antiguo Régimen, no habría institución ante la que denunciar semejantes excesos/presuntos delitos.

Sin embargo, los verdaderos representantes del pueblo (es decir, los que han sido elegidos en las urnas) deben transparentar sus patrimonios, rendir cuentas sobre los mismos, y someterse al rigor de los tribunales cuando, por ejemplo, son condenados por incumplir una sentencia del Tribunal Constitucional.

En cualquier caso, como aquí no estamos en el Congreso de los Diputados, podemos responder a la pregunta “¿Qué es un rey para ti?”: un rey es la mayor expresión de desigualdad ante la ley que puede darse en un Estado democrático.

 

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