¿Quién se opone a los Derechos Humanos?

1. julio 2014 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

El Consejo de Derechos Humanos de la ONU, organización compuesta por 47 países elegidos por la Asamblea General y dedicada a velar por el cumplimiento de estas garantías fundamentales en todo el mundo, acaba de aprobar una resolución histórica que llama a los Estados a elaborar un tratado que penalice los incumplimientos de los Derechos Humanos por parte de las empresas multinacionales.

Llama la atención que entre los países que apoyaron la iniciativa figuran algunos como China, Cuba, India, Marruecos o Pakistán donde el grado de cumplimiento de los Derechos Humanos es manifiestamente mejorable; pero resulta mucho más contradictorio que se hayan posicionado en contra de la propuesta otros Estados donde estas garantías están plenamente reconocidas.

Así, Alemania, Austria, Corea del Sur, Estados Unidos (¡qué decepción la presidencia de Obama!), Estonia, Francia (¡qué decepción la presidencia de Hollande!), Irlanda, Italia, Japón, Macedonia, Montenegro, Reino Unido, República Checa y Rumanía, han demostrado una vez más que, dentro del mundo capitalista, los intereses de las grandes empresas priman sobre los intereses de las personas.

Especialmente bochornoso resulta el hecho de que los nueve países de la Unión Europea representados en este organismo internacional votaran en contra de poder enjuiciar a las entidades mercantiles que incumplan los derechos fundamentales de las personas en territorios cuyos gobiernos permitan estos abusos, como revelador resulta que la mayor parte de los países empobrecidos (y por lo tanto, candidatos a recibir estas inversiones económicas basadas en la explotación extrema de los seres humanos) se mostraran partidarios de regular el tema a nivel internacional.

En cualquier caso, con 20 votos a favor, 14 en contra y 13 abstenciones, la comunidad internacional ha puesto la primera piedra de un camino que conducirá necesariamente a la consolidación global de los Derechos Humanos. Es posible que pasen años antes de que el tratado llegue a elaborarse, y que transcurran unos cuantos más antes de verse ratificado por los países que ahora se niegan a reconocer su idoneidad. Pero no es menos cierto que la simple existencia de esta futura norma internacional acabará obligando a todos los Estados a optar por formas de desarrollo económico en el que la prosperidad de unos pocos no esté cimentada en el sufrimiento de todos los demás.

 

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