Rectificación

30. marzo 2012 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Con un grado de seguimiento más que aceptable (y en todo caso, superior al de la Huelga General desarrollada el 29 de septiembre de 2010 contra la Reforma Laboral de Rodríguez Zapatero), la movilización que ayer vivió este país exige una rectificación de la política económica del Ejecutivo que preside Mariano Rajoy.

El Partido Popular carece de toda legitimidad para aprobar una Reforma Laboral como la del 10 de febrero, puesto que los detalles de esta medida no constaban ni en el programa que propuso a la ciudadanía en las Elecciones Generales del 20 de noviembre, ni en los discursos de sus candidatos durante aquellos comicios.

Por ello, España rechazó ayer claramente una Reforma Laboral que, ni sirve para crear empleo, ni protege a la parte más débil del mercado laboral: los trabajadores y trabajadoras. En cualquier caso, y dado que la medida afecta a casi toda la ciudadanía de este país, procedería la convocatoria de un referéndum para determinar el grado de aceptación social, y por lo tanto, de legalidad, que posee la nueva normativa.

Ayer los trabajadores más concienciados, los parados, los estudiantes, los afectados por los recortes en servicios públicos, los indignados por la destrucción del Estado del Bienestar, los desahuciados inmobiliarios, y algunos otros grupos de ciudadanos y ciudadanas, dejaron claro que este no es el camino a seguir.

Sólo faltaron a la cita para la defensa de sus propios intereses los que anteponen la propaganda oficial a la sensatez, y por supuesto, los pequeños comerciantes y hosteleros, un sector clave para transmitir la imagen de un país paralizado.

Seguramente, estos mini–caciques con aires de autosuficiencia no son conscientes de que el estrangulamiento de la demanda interna (algo que se verá incrementado con la Reforma Laboral y los recortes presupuestarios) es la causa por la que muchos de sus negocios han cerrado y otros deberán hacerlo más pronto que tarde.

En todo caso, la rectificación que se debe producir a partir de hoy no tiene que quedar sólo en el terreno de las políticas económicas gubernamentales. Las dos principales organizaciones convocantes de la huelga de ayer, UGT y CCOO, deben reflexionar acerca de los motivos por los cuales el seguimiento no ha sido tan amplio como el registrado en otros países de la UE cuando la población ha protestado contra medidas similares a las tomadas en España, o incluso, al que se produjo un ya lejano 14 de diciembre de 1988 cuando nuestro propio país quedó paralizado gracias a una Huelga General convocada por razones mucho menos graves que las actuales.

Las cúpulas de los dos grandes sindicatos deben considerar la posibilidad de que la estrategia del llamado “diálogo social” no sea la más adecuada para la clase trabajadora de este país, teniendo en cuenta que la contraparte nos ha conducido a las tasas de desempleo y de precariedad laboral y salarial más altas de la zona euro. Acometer una renovación generacional e ideológica en UGT y CCOO tampoco sería algo descabellado.

 

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