Reformas fiscales y otras demagogias

23. junio 2014 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

El escrutinio de las últimas elecciones europeas sigue produciendo efectos políticos en nuestro país. Poco después de que Juan Carlos I optara por contraprogramar mediáticamente a Pablo Iglesias con una abdicación que, al final, no obtuvo demasiado respaldo popular ni en las calles de Madrid ni en la explanada del Palacio de Oriente, el régimen de Rajoy (ese que primero ordena eliminar de las calles los símbolos republicanos, y luego declara que la acción la llevaron a cabo determinados agentes “de forma voluntaria”) toma el testigo con una rebaja fiscal anunciada a bombo y platillo.

En teoría, la reforma de los tramos del IRPF resulta indiferente para las rentas más bajas, perjudica a las rentas medias y beneficia a las rentas más altas, que ven disminuir el tipo máximo del 52% al 45%.

Con esta medida, se supone que el PP vuelve a su senda ideológica neoliberal. Y en cierto modo lo hace, ya que la propuesta nace del dogma de que rebajando los impuestos, la ciudadanía tiene más dinero en el bolsillo, consume más, crece la demanda, se incrementa la producción, aumenta la creación de puestos de trabajo, y hasta puede subir la recaudación fiscal. El mismo cuento de la lechera de siempre, aunque ahora aplicado a un contexto que parece haber sido ignorado por los promotores de la reforma fiscal.

Con gran parte del país teniendo dificultades para llegar a final de mes, con los precios de los suministros básicos creciendo cada día (gasolina, gas, electricidad, agua,…), y con los servicios públicos cada vez menos subvencionados a causa de los recortes, lo más lógico es que las familias dediquen a gasto corriente este pequeño suplemento de liquidez ideado por Montoro. De este modo, lo que el Estado deja de ingresar vía IRPF, acabará terminando en los bolsillos de Repsol, Cepsa, Iberdrola, Endesa, Bayer, GSK, o la empresa que atiende el comedor escolar del colegio público de la esquina.

Además, la merma de recaudación estatal por la vía de los impuestos directos, y considerando los altos niveles de déficit público y de deuda pública en los que se mueve actualmente España, deberá verse compensado necesariamente por la subida del IVA y de otros impuestos indirectos, que será previsiblemente acordada –eso sí– después del próximo ciclo electoral municipales–autonómicas–generales de 2015. De nuevo, la vuelta del PP a la senda neoliberal, con una apuesta por un sistema fiscal cada vez menos progresivo, que perjudica a la clase trabajadora y beneficia a las rentas más altas.

Afortunadamente, para contrarrestar toda esta demagogia del PP, tenemos a algunos de los postulantes del PSOE como Pedro Sánchez, que ayer anduvo por tierras zaragozanas pidiendo justicia económica y proponiendo la derogación del concordato entre España y el Vaticano. Es una pena que su historial como diputado socialista que ha votado a favor de la alevosa reforma del artículo 135 de la Constitución, y de negar la voz al pueblo en el tema monarquía o república, no avale sus proclamas “rupturistas”.

 

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