Rescate para hoy, hambre para mañana

11. junio 2012 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Resulta curioso que los máximos responsables de la crisis inmobiliario–financiera española, es decir, los políticos del Partido Popular (que fueron sus muñidores), los grandes empresarios de nuestro país (que se vieron súbitamente enriquecidos durante diez años, sin que les preocupara demasiado de dónde salía todo ese dinero fácil) y los jefes máximos del sector financiero (que se olvidaron de su función económica para especular, especular, especular y seguir especulando hasta el estallido final de la burbuja), son ahora los que más se alegran por el macro–rescate financiero que la UE ha realizado sobre nuestros bancos y cajas.

De hecho, uno de los grandes efectos de esta operación (negada categóricamente por el Gobierno de España horas antes de que se concretase) es el amnésico. A partir de noticia de que sobre España va a caer una lluvia de miles de millones de euros, el 80% de la población de nuestro país ha olvidado automáticamente por qué hemos llegado hasta aquí, quiénes nos han conducido hasta esta situación, y qué dirigentes político–económicos deberían comparecer ante la Justicia por haber estafado a un país entero.

Para el 20% restante, va dirigido este artículo editorial.

El rescate europeo deja tras de sí una gran incógnita: quién va a pagar la devolución del “préstamo”. A simple vista, y escuchando a Mariano Rajoy y al ministro De Guindos (aquel que era alto directivo de Lehman Brothers cuando la compañía quebró), serán los propios bancos, y jamás el pueblo español, los que devuelvan el rescate, con sus correspondientes intereses.

Bien, teniendo en cuenta que el agujero que ahora se pretende tapar corresponde a diez años de macro–especulación inmobiliario–financiera, y considerando que es improbable que este fenómeno se repita a corto o medio plazo en nuestro país ¿alguien podría explicar cómo piensan los bancos españoles devolver esa cifra actuando “honradamente”?

El sector financiero español podría necesitar muchas décadas para restituir la cantidad por la que ahora se hace necesario su rescate internacional. Y si no es capaz de devolverla, ¿quién actuará como avalista? Sin duda, el Estado español, es decir, todos y cada uno de los ciudadanos y ciudadanas que formamos parte de este país.

Por eso falla por su base el discurso oficial de que esta medida está orientada a hacer que vuelva a fluir el crédito para reactivar la economía. La reforma laboral y la austeridad presupuestaria (necesarias, según Rajoy, para haber logrado este rescate suave) han empobrecido el país, perjudicando gravemente su demanda interna. Lo que necesita nuestra economía productiva no son créditos para fundar negocios, sino seguridad de que esos negocios podrán obtener ingresos regulares con la venta de sus productos y servicios.

Ni los bancos ni la población de un país empobrecido serán capaces de devolver los miles de millones de euros que ahora va a recibir nuestro sector financiero para tapar las vergüenzas de gestores ineptos, de directivos sin escrúpulos y de supervisores negligentes.

Ésta, y no otra, es la verdadera naturaleza de la losa que acaba de caer sobre nuestra economía: un rescate que aporta pan para hoy y hambre para mañana.

 

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