Resoluciones judiciales esperanzadoras

7. enero 2014 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Durante las últimas horas, nuestro país ha sido testigo de dos resoluciones judiciales ciertamente esperanzadoras. Por un lado, el juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz (aquel que fue calificado como “pijo ácrata” por el portavoz del PP Rafael Hernando cuando decidió archivar la causa penal contra los promotores de la concentración “25–S Rodea el Congreso”) optó el sábado por anteponer el Estado de Derecho respecto a las demagógicas pretensiones de todos aquellos que intentan utilizar el dolor como elemento de acción política.

La comparecencia pública de 63 ex presos de ETA en el Café-Teatro Antzokia de Durango es repugnante para cualquier demócrata, como repugnante resulta que los medios de comunicación informaran acerca del contenido de una “rueda de prensa” cuyos convocantes no admitieron preguntas. Pero en cualquier caso, más allá de las sensaciones que actos como ese puedan producir en cada persona, existe un ordenamiento jurídico que protege el derecho de reunión pacífica y sin armas.

La diferencia entre los ciudadanos demócratas que acuerdan un marco legal de convivencia, y los que intentan imponer sus tesis sembrando el dolor y la muerte entre los demás, es precisamente el respeto a las leyes por encima de cualquier otra consideración.

El segundo auto esperanzador es el que hoy ha dictado el juez Castro para citar a la infanta Cristina de Borbón, en calidad de imputada, por delitos de blanqueo de capitales y fraude fiscal. Sin prejuzgar en ningún caso la culpabilidad de la hija del rey en los asuntos empresariales de su esposo, lo jurídicamente incomprensible es que una persona que consta como directiva de una asociación y de una empresa sospechosas de actividades delictivas, no haya podido ser citada todavía ante el juez que investiga el caso.

Estas dos resoluciones judiciales demuestran, una vez más, que en un país que todavía no ha alcanzado la cultura política necesaria para equipararse a otros de más dilatada trayectoria democrática, la preeminencia del Estado de Derecho sobre las corruptelas y privilegios procedentes del Antiguo Régimen descansa en estos momentos sobre los hombros de jueces honestos como José Castro, Santiago Pedraz, Elpidio José Silva, Pablo Ruz o Baltasar Garzón. Lástima que alguno de ellos haya sido derrotado por las fuerzas vivas del inmovilismo judicial, y que otro esté a punto de correr la misma suerte.

 

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