Revoluciones robadas, flotillas boicoteadas

4. julio 2011 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

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La brutal represión que las fuerzas del orden egipcias han desplegado durante los últimos días contra los neomanifestantes de la plaza Tahrir, es una prueba más de que el poder, cuando se ve amenazado, sólo es capaz de cambiarlo todo para que nada cambie.

 

Sin embargo, esta máxima política (descrita por primera vez en la brillante novela “El gatopardo” de Giuseppe Tomasi di Lampedusa) no es del todo cierta en el caso de Egipto. Algo va a cambiar en breve en el país norteafricano: una dictadura laica va a ser sustituida por una dictadura teocrática, mientras la democracia (hoy en retroceso en todo el mundo) permanecerá en el terreno de la utopía para los egipcios y, sobre todo, para las egipcias.

 

La religión vuelve a introducirse en la política, invirtiendo la tendencia que había logrado sacarla después de la Ilustración.

 

La cuestión no es baladí en el caso que analizamos, ya que un Egipto islamista fronterizo con Israel y con la Franja de Gaza es un elemento de tensión añadida frente a un Estado hebreo cada vez más rendido a la ultraderecha y al fundamentalismo religioso, y por tanto, cada vez menos respetuoso con la legislación internacional y con los Derechos Humanos.

 

El gobierno griego, regido por el cobarde –también en esto– Yorgos Papandreu, anda últimamente boicoteando la salida de la II Flotilla de la Libertad hacia Gaza. Pero, ¿qué ocurrirá cuando no se trate de barcos norteamericanos intentando partir de puertos griegos, sino de buques de bandera de cualquier Estado islamista, saliendo de uno de sus puertos, y custodiados por buques de guerra de su propia Armada?

 

El recién elegido secretario general de la ONU, Ban Ki–moon, apuntaba hace unos días que había que evitar a toda costa el envío de más flotillas humanitarias hacia Gaza, porque hacerlo incrementaría la tensión en la zona, y porque además, esa no era la solución ¿Cuál es, pues, la solución?, cabría preguntar al señor Ban ¿Quizá hacer cumplir a Israel la legislación internacional para evitar el auge del fundamentalismo islámico y de sus imprevisibles consecuencias? ¿O es que estas consecuencias son, precisamente, las que buscan los grandes consorcios armamentísticos del planeta?

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