Rompiendo la cobardía

5. mayo 2015 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Aunque no lo crean algunos de los genocidas que forman parte del gobierno israelí, la legitimidad del Estado de Israel para asentarse en las fronteras determinadas por Naciones Unidas antes de 1967 no radica en la violencia que es capaz de exhibir el ejército de su país, sino en la valentía de personas como los miembros de la ONG “Rompiendo el silencio”.

Esto se debe a que los Estados ya no se construyen lanzando bombas para aniquilar a adversarios reales o imaginarios, sino a través de un compromiso constatable con la democracia, la legalidad y los Derechos Humanos. No existe otra fuente de legitimidad para la convivencia de un país consigo mismo y con sus vecinos. Ni siquiera una relación privilegiada con la primera potencia económica y militar del planeta es capaz de legitimar indefinidamente a un Estado terrorista que se dedica a aterrorizar civiles en unos territorios ocupados de forma ilegal.

No son villanos sino héroes personas como Julian Assange, Chelsea Manning o Edward Snowden por haber sacado a la luz los crímenes de las cloacas institucionales estadounidenses. Héroes son también los soldados y oficiales israelíes agrupados en la organización “Rompiendo el silencio”, por denunciar los atropellos cometidos por su gobierno contra los Derechos Humanos y las leyes de la guerra.

El presidente de esta ONG, Yuli Novak, llega a afirmar que los crímenes de guerra cometidos durante la última ofensiva israelí contra Gaza constituyen un “amplio fracaso ético en lo más alto de la cadena de mando”. Conocemos quiénes ocupan lo más alto de la cadena de mando israelí; son jefes militares y gobernantes elegidos en las urnas. Ha llegado la hora de que la Corte Penal Internacional formule una causa contra ellos que conduzca a una condena por crímenes de lesa humanidad. También ha llegado la hora de que los Estados Unidos de Barack Obama dejen de proteger a un aliado racista dispuesto a asesinar a 550 niños en siete semanas con el propósito de perpetuar una situación insostenible.

El Israel que los israelíes honestos merecen no es el Israel autoritario, agresor, cobarde y supremacista de Netanyahu, sino el Israel democrático, humanista, integrador y valiente de “Rompiendo el silencio”. Sólo éste último país tiene derecho a existir como un miembro más de la comunidad internacional.

 

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