Rudi: el discurso del deseo

2. enero 2014 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

El discurso de fin de año de la presidenta de Aragón incluyó más deseos que realidades, más creencias que certezas, más proyectos que verdades. En el lado positivo, habría que incluir su referencia a la supresión de “gastos superfluos” heredados de anteriores gobiernos. Sin embargo, es preciso reprochar a Luisa Fernanda Rudi y a sus consejeros que para esta labor era necesario un bisturí y no un hacha. Las becas de comedor, las camas hospitalarias o las prestaciones por dependencia, nunca pueden considerarse un “gasto superfluo”, a no ser que decidamos optar por un modelo socioeconómico distinto al del Estado del Bienestar.

En el lado positivo hay que situar también la condena que Rudi realizó a todos los fenómenos de corrupción política, una lacra que por el momento queda lejos del Ejecutivo que preside; tan lejos como quedan del Pignatelli otros modelos de gestión de lo público, pródigos y derrochadores, que determinados correligionarios de Rudi practicaron en otras comunidades autónomas durante los últimos años.

También es preciso saludar el proyecto “Corona de Aragón. Historia y arte”  explicado por Rudi en su discurso de fin de año; un programa de actividades culturales que además de reivindicar la verdadera historia de la Corona de Aragón, puede suponer un estímulo económico para esta comunidad autónoma.

En la parte negativa del discurso de Rudi, cabe señalar un error conceptual de bulto cuando afirmó que “se tardó demasiado tiempo en reconocer la crisis y en comenzar a ponerle remedio, lo que nos condujo a una situación de gravedad desconocida hasta ahora”. El argumento de “la culpa la tiene Zapatero” puede ser agradable para algunos seguidores de la caverna mediática, pero la verdad científica dice que son las políticas neoliberales que algunos poderes oscuros le obligaron a adoptar a ZP en mayo de 2010 las que originaron la segunda y más profunda fase de la crisis. Hasta ese momento, la inversión pública estaba consiguiendo que la macroeconomía remontara, minimizando los perjuicios para los trabajadores y pensionistas.

A partir de ahí, la “creencia” y la “emotividad económica” en frases como “pueden creer que las decisiones que hemos adoptado…” o “hay que lograr que las personas que peor lo están pasando no sólo se encuentren en el corazón de todos nuestros actos, sino que ni tan siquiera se aparten un segundo de nuestro pensamiento”. Ni una palabra, sin embargo, de las medidas legislativas que harían realidad estos buenos deseos (“renta básica de inserción”, “cobertura sanitaria para inmigrantes sin papeles”, “becas de comedor y para material escolar”,…).

Por ello, resultó ciertamente irónica la frase “el proyecto del Gobierno que tengo el honor de presidir, es también un proyecto de regeneración institucional y cívica, de defensa de nuestra Constitución y de nuestro Estatuto de Autonomía”. Al parecer, al ejemplar de la Constitución que tiene Rudi en su despacho se le han caído las páginas en las que se incluye el intervalo de artículos que va desde el 30 hasta el 52.

 

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