Sánchez–Iglesias: en la senda correcta

28. junio 2017 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias mantuvieron ayer su primer contacto institucional tras el triunfo del primero en las primarias del PSOE. “Agenda común”, “voluntad de entendimiento”, “ponernos de acuerdo”, “construir juntos”, fueron algunas de las expresiones utilizadas por ambos tras la reunión. Sin embargo, la situación actual, marcada por la precariedad laboral, la creciente desigualdad social, la injusticia fiscal y la persistencia de las políticas más arbitrarias y autoritarias de la primera legislatura de Rajoy, exige que la izquierda pase urgentemente de las palabras a los hechos.

La militancia del PSOE ha dado un paso importante en este sentido, eligiendo a Pedro Sánchez y no a Susana Díaz para ocupar la Secretaría General, ya que en el segundo caso, el PSOE se habría autodisecado como bastón de apoyo de la derecha económica. El tránsito del partido de Pedro Sánchez desde el sí a la abstención respecto al CETA, es una rectificación importante, aunque insuficiente, si aspira a reconstruir los valores de la socialdemocracia.

Por su parte, Podemos debe dejar en segundo plano sus propuestas más rupturistas en materia de organización territorial, y volcar sus esfuerzos en la búsqueda de alianzas para lograr un cambio institucional que permita arrebatar la economía a las oscuras manos de quienes la manejan, para ponerla al servicio de las personas.

El ejemplo de Portugal, donde socialistas, izquierdistas y comunistas se han puesto de acuerdo para apartar a la derecha del gobierno de la nación, y sobre todo, para comenzar a practicar políticas diferentes a las de la Troika, es el que más deben tener en cuenta PSOE y Podemos.

Máxime cuando la posibilidad de cambio institucional depende de que estas dos fuerzas sumen mayoría absoluta en el Congreso, ya que los posibles acuerdos con independentistas son escollos insalvables para el PSOE.

Y máxime también porque ese acuerdo útil entre PSOE y Podemos es lo que desean millones de votantes de izquierdas en este país, sobre todo después de contemplar como ZP-no-os-fallaré traicionaba sus principios arrodillándose ante el dios Mercado en 2010, y cómo la materialización del malestar ciudadano en forma de acampadas y de mareas ciudadanas a partir de 2011, acababa teniendo unos efectos institucionales muy limitados.

 

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