Se acabó la democracia en España

13. mayo 2010 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

banda_seccion_editorialDel mismo modo que la economía financiera se ha impuesto a la economía productiva, la mercadocracia ha sustituido a la democracia como forma de gobierno en los países avanzados. En el caso español, la defunción del sistema democrático se produjo ayer cuando el presidente Rodríguez Zapatero, cual moderno general Pavía, irrumpió en el Congreso de los Diputados a lomos de un paquete de medidas ideadas para reducir el gasto público.

El problema principal no reside en el contenido de los ajustes, ni en las posibles alternativas a los mismos, sino en el argumento que Rodríguez Zapatero utilizó para defenderlos: hay que contentar a “los mercados”. Sólo hay una manera de entender semejante afirmación: por encima de los partidos políticos, por encima de las instituciones, por encima de los gobernantes, existen unas entidades amorfas e impersonales llamadas “los mercados” cuyos intereses priman sobre los de los pueblos soberanos.

 

Dicho en pocas palabras: vote lo que vote la ciudadanía, se van a acabar aplicando las mismas políticas económicas ¿Para qué necesitamos entonces a los políticos? Los mercados rigen nuestras vidas, pero no responden a ningún órgano de control, ni tampoco son capaces de cubrir las necesidades de la población, tal como se está demostrando en estos momentos.

 

Toda la política económica de los gobiernos occidentales se basa en algo tan irracional, dogmático, etéreo e intangible como la necesidad de generar “confianza” en “los mercados”. No cabe, pues, mayor atentado a la soberanía de un país que esperar que su economía se rija en función de los caprichos subjetivos de unos cuantos grupos de inversión internacionales, que nunca se han sometido, ni se someterán jamás a unas elecciones democráticas.

 

ZP dio ayer la puntilla a esta democracia española que ha durado 31 años, 5 meses y 15 días –desde que entró en vigor la Constitución el Día de los Inocentes de 1978–, al afirmar en sede parlamentaria y como respuesta al diputado de IU–ICV Joan Herrera, que los mercados son así y que la fiscalidad progresiva llegará algún día, pero no ahora.

 

Sigue existiendo en nuestro país el Estado de Derecho, así como una sólida arquitectura institucional y unos cuantos derechos y garantías constitucionales, pero lo que ha dejado de existir es la democracia, ya que, por muy representativo que sea el mandato de los cargos públicos, ninguno de los 11.288.698 votantes que depositaron su confianza en el PSOE durante las últimas elecciones, eligieron esta opción para que Rodríguez Zapatero hiciera lo que hizo ayer en el Congreso de los Diputados.

 

Lo único que España debe agradecer al presidente del Gobierno por su intervención de ayer, es que se mostrase moralmente abatido durante toda la sesión del plenario del Congreso. Si en lugar de tener como jefe del Ejecutivo a un socialdemócrata cobarde, ostentase ese cargo uno de los halcones neoliberales del PP, seguramente el presidente del Gobierno hubiera propuesto este paquete de medidas antisociales sin pestañear y con una media sonrisa en la boca, para a continuación irse a celebrar la hazaña en cualquier establecimiento madrileño de mayor o menor reputación.

 

La sociedad española debe decidir ahora si desea vivir postrada ante “los mercados” como si fuera un rebaño compuesto por individuos a los que ordeñar y sacrificar de vez en cuando, o si por el contrario prefiere levantar la voz en la calle para recuperar la democracia constitucional que le han arrebatado los mismos descerebrados que han provocado esta crisis planetaria.

 

Este diario estará siempre al servicio de quienes elijan la segunda opción, pero éstos deben saber que, en su empeño, tendrán que pasar por encima de una clase política sediciosa respecto a los valores democráticos del país, y por encima de una clase sindical que se ha dejado hipnotizar por millones de reflejos áureos procedentes de “los mercados”.

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